Todos tenemos razones para estar agradecidos por muchas personas que se han sacrificado por nosotros para hacer que hoy nuestra vida sea más plena
1ª Corintios 11:26 “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.
No debemos olvidar que para que nosotros gozáramos hoy de lo que gozamos y somos, muchas personas se sacrificaron para ello. Recordemos que vivimos en un país libre porque muchos hombres y mujeres patriotas dieron sus vidas en sacrificio por nuestra libertad.
Aquellos que hemos alcanzado terminar la universidad y obtener un título universitario fue gracias a nuestros padres y familiares que se sacrificaron para que nosotros hoy gozáramos de una profesión.
Y así podríamos seguir mencionado personas que se sacrificaron por nosotros.
Pero jamás debemos olvidar el sacrificio que hizo Jesús en la cruz del Calvario por ti y por mí.
Cuenta el Sr. Bill Crowder que en una visita a Moscú su amigo moscovita después de salir del culto lo llevó a almorzar a un restaurante fuera del Kremlin. Al llegar, observaron una fila de parejas de recién casados, en ropa de boda, que se acercaban a la Tumba del soldado desconocido. La felicidad de ese día incluía recordar los sacrificios de otros para ayudar a que ese día fuera posible.
Fue conmovedor verlos tomar fotos junto al monumento y depositar flores de la boda en su base.
Todos tenemos razones para estar agradecidos por muchas personas que se han sacrificado por nosotros para hacer que hoy nuestra vida sea más plena. Ninguno de esos sacrificios son insignificantes, pero tampoco son lo que más importa. Sólo es al pie de la cruz donde vemos el sacrificio mayor que hizo Jesús por nosotros y comenzamos a entender cuánto le debemos al Salvador por nuestra vida.
Acerquémonos confiadamente a la mesa del Señor para participar de los símbolos: —el pan y el vino—. Que nos recuerdan el sacrificio de Jesús.
Pablo escribió: «todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (1ª Corintios 11:26). Que nuestro tiempo alrededor de su mesa nos recuerde vivir cada día recordando y agradeciendo todo lo que Jesús ha hecho por nosotros y en nosotros.
Oremos así:
“Amado Dios, nada puede retribuir tu amor desplegado en la cruz”.
Que tengas un hermoso y bendecido día.



