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Obedecer o no obedecer, Ramón Tovar

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La vida cristiana se puede abreviar en una acción, “obediencia”. Pero no se trata simplemente de una obediencia externa, sino de un espíritu de obediencia

Gota: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama” (Juan 14:21).
En esta ocasión Jesús hizo también hincapié en la necesidad de la obediencia continua a sus mandamientos como prueba del amor del creyente hacia Él y hacia el Padre, esto concuerda con Santiago 2:14-26, cuya enseñanza afirma que la fe salvadora se demuestra por obras inspiradas por Dios mediante el poder regenerador y transformador del Espíritu. Dichas obras expresan el amor que el Espíritu derrama en el corazón del creyente (Gálatas 5:22).
Se cuenta la historia de una niña que permanecía de pie después de que su padre muchas veces le dijo que se sentara. Por último, su padre le dijo: “te sientas o voy a darte una zurra”. Ella se sentó, pero mirando hacia el techo decía: ‘Estoy sentada, pero en mi corazón estoy de pie’. Eso ilustra la obediencia externa y desobediencia en el corazón. La vida cristiana se puede abreviar en una acción, “obediencia”. Pero no se trata simplemente de una obediencia externa, sino de un espíritu de obediencia.
Valor: Amar y obedecer a Dios es evidencia de madurez espiritual, obedecerle aun cuando sea muy difícil. Nuestro crecimiento espiritual seguirá en progreso cuando obedezco a Dios y se retarda al desobedecer.
Dios le bendiga.

Ramón Tovar
Pastor y columnista
tramon63@gmail.com

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