Hemos creído equivocadamente que orar es sinónimo de pedir
En artículos anteriores mencionamos estos tres lados de la oración: “…Pedid, buscad y llamad…” de los cuales habló Jesús. Es necesario profundizar en la diferencia de estas tres acciones que deben formar parte de la oración. La invitación del Señor es muy directa, parece que no hubiera condición alguna entre Dios y el hombre en la ocasión de pedir, buscar y llamar. Para analizarlos mejor estudiaremos cada uno de los tres verbos por separado.
Comencemos con Pedir: Hemos creído equivocadamente que orar es sinónimo de pedir. Cuando nos acercamos a Dios, lo más natural es que le pidamos algo, que, por cierto, casi nunca tiene que ver con nuestro desarrollo espiritual, sino con la satisfacción de necesidades centradas en la otra parte de nosotros. Por supuesto, que la oferta de Dios se refiere a esas cosas, pero no únicamente a ellas, y es ahí, justamente donde está nuestra desviación. Por ejemplo, hay una diferencia sustancial entre pedir una casa para vivir y pedir un corazón limpio. ¿Por qué son diferentes? Pues porque en un caso una casa suple una necesidad en esencia, pasajera, y un corazón limpio –lo cual casi nadie pide- se focaliza en la necesidad de agradar a Dios.
Cuando pedimos cosas y no las recibimos, entramos en crisis, porque no hemos leído el contrato completo, en el cual Dios nos enseña que “pedir” algunas cosas tiene tres variables: a) Pedir sin considerar la voluntad de Dios; b) Pedir para gastar en deleites; c) Pedir algo que no nos conviene; etc. ¿Qué estás pidiendo y cómo lo estás haciendo?



