Home Palabras del Director ¡Qué grande eres Venezuela!

¡Qué grande eres Venezuela!

0
Gracias a Dios por todos, venezolanos y extranjeros, por lo que están haciendo por nuestros hermanos afectados / EFE

A pesar de los tres grandes terremotos acaecidos en el país, del dolor y el luto nacional, Venezuela, guiada por las manos del Señor, está mostrando el gran corazón que late en su pecho

La catástrofe tocó a las puertas de la ya abatida Venezuela. No fue uno, sino tres terremotos devastadores los que nos golpearon; dos naturales con más de 600 réplicas hasta ahora y uno que supera al más potente en la escala de Richter, el cual ocurrió en diciembre de 1998 y ha seguido replicándose durante 27 años con una intensidad que va en aumento, que es el terremoto político accionado por elementos de ambos bandos (una mano roja lava la otra azul).
Al unirse los tres el pasado 24 de junio causaron la mayor devastación vivida en Venezuela desde siempre, porque antes hubo terremotos naturales, pero no había uno político. Los dos estremezones naturales fueron empeorados por el más largo terremoto que padecíamos. Los naturales destruyeron estructuras físicas, mataron a miles y dejaron a incontables heridos entre los escombros, muchos de ellos terminaron de fallecer por causa del terremoto de la dejadez, la irresponsabilidad, la corrupción y el desgobierno.
¡Así qué tanto pueden hacer los rescatistas!
Precisamente ahora nos enfocaremos en el rescate. En esos hechos heroicos que han sacado a la luz el talante del venezolano y el gran y amoroso apoyo de las naciones y ministerios cristianos que han dejado sus familias para venir a ayudar en las labores de rescate, exponiendo sus vidas por salvar las del prójimo. A todos ellos nuestras más sinceras gracias, que el Dios de amor, gracia y misericordia les bendiga en abundancia a ellos, sus familiares y naciones.
Pero cuando ellos comenzaron a llegar consiguieron a los venezolanos en las labores de rescate, llorando mientras removían escombros; sin herramientas, equipos ni insumos, sólo con sus dos manos y una que otra herramienta doméstica, cubiertas sus cabezas por cascos de motorizados, pero con un gran corazón y amor por los caídos, quienes encomendados a Dios buscaban entre los escombros a familiares, vecinos, amigos y, en resumidas cuentas, a compatriotas que fueron sorprendidos por la tragedia en un día feriado.
Inmediatamente se activó el país a recabar la ayuda necesaria para estos casos: alimentos, insumos médicos y quirúrgicos, agua, herramientas, plantas eléctricas, ropa, carpas y cientos de artículos más. De la empresa privada salieron alimentos y medicinas, colchonetas, maquinaria pesada, camiones para transportar, generadores de electricidad para socorrer a los afectados y ayudar a los rescatistas. Porque entendimos que sólo nos tenemos a nosotros mismos y que cuando un venezolano sufre todos sufrimos con él.
Venezuela ha aprendido la lección bíblica: «lloren con los que lloran», «como ustedes quieren que los traten, traten a los demás», que no es necesario ser familiares para ayudar al prójimo, que cualquiera puede ser «un buen samaritano», que todos tenemos un propósito divino que cumplir en esta vida, que este mundo está en nuestra contra y sólo tomados de la mano de Jesucristo podemos alcanzar la victoria.
Los venezolanos se han acercado al Señor al que «de oídas habían oído», porque han visto la misericordia de Dios en medio de la devastación; muchos testifican de encuentros con ángeles que les alentaron y rescataron sobrenaturalmente. Por fin muchos han reconocido que poner los ojos en las inertes imágenes es una farsa, porque el nuestro es el Dios vivo que se levantó de la tumba al tercer día. Venezuela saldrá fortalecida espiritualmente de esta tragedia, de los tres terremotos, por cierto.
Pasamos de una tradición religiosa a una relación genuina con Cristo. Hasta los brujos botaron sus fetiches, rompieron sus imágenes y se entregaron al Señor. Quienes pedían a la imagen de «San Juan» que hiciera «temblar la tierra» minutos antes de los dos terremotos naturales, reconocieron que el Señor «es un Dios celoso que no comparte su gloria con nadie y menos con imágenes».
La Iglesia de Jesucristo se tomó de las manos para orar juntos, convertirse en centros de acopio y albergues, y dispensar ayuda espiritual en el mismo lugar del desastre. Aquellos cristianos que viven en otras ciudades se avocaron a recolectar y enviar ayuda, así como a ayudar a los damnificados que salieron hacia la casa de amigos y familiares en otras ciudades, porque llegan sin alimento, ropa ni objetos personales; todo quedó sepultado menos sus ganas de vivir y su agradecimiento al Dios que los salvó.
Acerca de los miles de fallecidos cuyos cuerpos aún permanecen bajo los escombros, el Espíritu Santo nos dijo -y sirva esto de consuelo-: «Ahí bajo los escombros yo traté directamente con ellos, les di la oportunidad de reconocerme como Señor y Salvador, y muchos están en la eternidad conmigo. Lo que hoy no entienden de esta catástrofe, pronto les será revelado, lo verán con sus ojos. Yo estoy trabajando con Venezuela y la haré la gran nación del avivamiento que les prometí». ¡Bendito sea el Nombre del Señor y Rey!
Mención aparte se merecen los antisociales, quienes terminaron por saquear lo poco que dejaron los terremotos. Gente malviviente e inmoral, desalmados forajidos al que un día «aquel señor» los llamó «el nuevo venezolano»; esa especie de animales irracionales bípedos para quien Dios y el prójimo no cuentan, sino su ego y el obedecer la línea de su padre el diablo, cuya cualidad es «hurtar, matar y destruir». Estos rastrojos humanos son los fieles servidores de Satanás, quienes se acercan no para ayudar, sino para robarse lo poco que les quedó a las víctimas de la tragedia. ¡Ojalá algún día se arrepientan de su maldad!
Al ver pasar las angustiantes horas y disminuir las posibilidades de hallar sobrevivientes, solemos entristecernos y llorar, es de humanos el luto y el dolor; si «Jesús lloró» siendo Dios, ¿no lo haremos nosotros? Pero sabemos muy bien por el pasado que el venezolano es del tamaño del compromiso que se le presente. Sepultaremos a nuestros muertos con el respeto que se merecen, pero sobre las ruinas levantaremos la Nueva Venezuela, una que ya no tendrá templos físicos ni edificaciones baratas e inseguras, sino que será el gran templo viviente del Espíritu Santo.
Nuestro agradecimiento a los gobiernos y sus rescatistas por tanto amor mostrado, mención especial para Nayib Bukele por mostrar al Señor en su vida y ejecutorias, el Dios todopoderoso te siga bendiciendo, dando sabiduría para conducir acertadamente a El Salvador. Gracias a cada iglesia y ministerio nacional o extranjero que están reflejando a Cristo en medio de esta tragedia, adelante que «el trabajo en el Señor no es en vano».
Gracias a cada venezolano que, en medio de la severa crisis económica generada por el terremoto continuado, ha ayudado con alimentos, utensilios, medicinas, maquinaria; pero, sobre todo, por meter sus manos entre los escombros para rescatar y salvar al prójimo, que a fin de cuentas son nuestros hermanos. A todos que el Señor les bendiga, prospere y se les revele personalmente con el Dios de la gracia y la misericordia.
¡Qué grande eres Venezuela! ¿Cómo no sentir orgullo por los venezolanos?
Nuestras sinceras palabras de condolencia a los familiares de los fallecidos en esta tragedia, que el Espíritu Santo les fortalezca y consuele en estos duros momentos de prueba. Tal vez nunca sepamos la cantidad exacta de muertos, pero cada familia, vecinos y Dios saben quiénes son. Nos unimos a su dolor, que es nuestro dolor, un dolor de talla nacional.
Por último, porque no podemos cerrar sin advertirle a los actores y ejecutores del terremoto continuado, que con esta tragedia el venezolano ha cambiado, que hay mucho repudio y cero paciencia ya para con la clase política imperante, alinéense a la Constitución, canalicen una salida para reinstitucionalizar y reconstruir al país, porque todo este pueblo que hoy está volcado ayudando a nuestros hermanos en la tragedia se les puede volcar encima y terminemos como ya lo advirtió Trump: en un levantamiento popular sin retorno, lo cual nadie quiere, pero ustedes lo están buscando desde hace años. La gasolina está derramada, no enciendan ustedes el fósforo.

Georges Doumat B.

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Salir de la versión móvil