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¿Quién soy cuando nadie me ve? (Salmo 139:1-7)

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No llegamos a la integridad por esfuerzo propio, sino por su gracia y por la obra de su Espíritu en nosotros / Kingdom Bloggers. IA_Pinterest

Vivir en integridad significa que no necesitamos ser una persona diferente cuando nadie nos ve. Nuestra vida privada no debe ser un lugar donde esconder quiénes somos, sino un espacio donde también honramos a Dios

Proverbios 10:9. “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”.

INTRODUCCIÓN
David no escribe este salmo desde el miedo, sino desde el asombro. Dice: Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos entiendes mis pensamientos. Aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Dios no conoce solamente lo que hacemos, sino lo que pensamos antes de pensarlo. Para Él no existe una vida pública y otra privada. Existe una sola vida, y toda está abierta delante de sus ojos.
La palabra integridad viene de la idea de estar completo, entero, sin divisiones. Una persona íntegra no es una persona sin fallas, sino una persona sin doble vida. Y fíjese en algo hermoso: en Proverbios diez, nueve, quien anda en integridad anda confiado. La integridad da seguridad. Quien no tiene nada que esconder no necesita vivir mirando por encima del hombro. En cambio, el que tuerce sus caminos, dice el texto, será quebrantado. El verbo hebreo también puede entenderse como será descubierto. Lo que se tuerce en secreto, tarde o temprano se conoce.

I. ¿QUIÉN SOY CUANDO NADIE ME VE?

a. La ausencia de personas no significa la ausencia de Dios. Proverbios 15:3.
Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos. Desde el jardín del Edén el ser humano ha creído que puede esconderse. Adán y Eva se ocultaron entre los árboles, y Dios preguntó: ¿Dónde estás tú? No lo preguntó porque no lo supiera, sino para que el hombre saliera de su escondite. Compare dos hombres. David, en la azotea de su casa, en un momento de soledad, cayó; y luego confesó: Contra ti, contra ti sólo he pecado. José, en la casa de Potifar, sin que hubiera nadie más presente, respondió: ¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Los dos estaban solos. Pero José recordó que no lo estaba.

b. El verdadero yo delante de Dios. Salmo 139:23-24.
Después de reconocer que Dios lo conoce todo, David hace una oración valiente: Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno. Dios ya sabía lo que había en David. La oración no es para informar a Dios, sino para abrir el corazón. Es dejar de negociar con Dios lo que mostramos y decirle: aquí estoy completo, sin máscaras. Y note el final: no pide solo que Dios lo examine, sino que lo guíe. La luz de Dios no viene a exhibirnos, viene a sanarnos y a conducirnos.

c. ¿Quién soy cuando nadie me ve? Lucas 12:1-3.
Jesús advirtió a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. La palabra hipócrita se usaba para el actor de teatro que llevaba una máscara. Jesús dice que nada hay encubierto que no haya de descubrirse, ni oculto que no haya de saberse; lo que se habló en las tinieblas, a la luz se oirá. Ahora bien, esto no nos deja sin esperanza. Hebreos cuatro, trece dice que todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta; pero el versículo catorce nos recuerda que tenemos un gran Sumo Sacerdote, Jesucristo, y por eso podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia. Dios lo ve todo, y por eso mismo la sangre de Cristo es tan necesaria: nos limpia de lo que solo Él ve.

II. ¿CÓMO VIVIR CUANDO ESTAMOS SOLOS?

Vivir en el temor de Dios. Proverbios 8:13.
El temor de Jehová es aborrecer el mal. Este temor no es terror ante un juez enojado, sino reverencia de un hijo que ama a su Padre y no quiere entristecerlo. Quien teme a Dios no se pregunta primero: ¿me van a descubrir? Se pregunta: ¿esto agrada a mi Señor?

Cuidar nuestros pensamientos. Filipenses 4:8.
Todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre, en esto pensad. Las caídas públicas casi siempre empiezan como decisiones privadas en la mente. Proverbios cuatro, veintitrés dice: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. Y segunda de Corintios diez, cinco nos llama a llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

Cuidando nuestras decisiones. Gálatas 6:7-8.
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Lo que decidimos en secreto es semilla. Nadie ve la semilla bajo la tierra, pero todos ven la cosecha. El que siembra para la carne, de la carne segará corrupción; el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Buscando a Dios en lo secreto. Mateo 6:6.
Tú, cuando ores, entra en tu aposento, cierra la puerta, y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Fíjese: el mismo Dios que ve nuestros pecados ocultos es el que ve nuestra oración escondida. Jesús mismo, según Marcos uno, treinta y cinco, se levantó muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Su vida pública fue poderosa porque su vida secreta fue constante.

CONCLUSIÓN
Vivir en integridad significa que no necesitamos ser una persona diferente cuando nadie nos ve. Nuestra conducta, nuestros pensamientos y nuestras decisiones deben reflejar que pertenecemos a Dios en todo momento. Nuestra vida privada no debe ser un lugar donde esconder quiénes somos, sino un espacio donde también honramos a Dios.
Y recordemos que el único que vivió una vida completamente íntegra, igual en público y en privado, fue Jesucristo. Por eso no llegamos a la integridad por esfuerzo propio, sino por su gracia y por la obra de su Espíritu en nosotros. Hoy podemos hacer la oración de David y dejar que Dios nos guíe.

ORACIÓN
Señor, tú me conoces por completo. Examina mi corazón, pruébame y guíame en el camino eterno. Perdóname por las veces que he vivido una cosa delante de los hombres y otra delante de ti. Límpiame con la sangre de Cristo y hazme íntegro. Que en lo secreto te busque, que en mis pensamientos te honre, y que en mis decisiones te agrade. En el nombre de Jesús. Amén.
Dios te bendiga. Tu hermano y amigo,

José “Cheo” Lobatón
Pastor y maestro
“El ciego que ve”

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