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¿Sabías el motivo por el que Juan El Bautista comía langostas en el desierto? Nunca te lo habían contado…

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Tal vez hoy el llamado no sea a comer langostas. Pero sí a volver a una fe menos cómoda y más verdadera. Menos religión… y más obediencia. Menos discurso… y más fruto

La respuesta que incomoda… pero revela mucho más de lo que creemos.
Muchos leen el texto y pasan de largo.
Otros se ríen.
Algunos lo espiritualizan.
Pero pocos se detienen a entenderlo.
“Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre” (Marcos 1:6).
La pregunta es inevitable:
¿Juan el Bautista realmente comía insectos?
La respuesta corta es: sí, muy probablemente.
La respuesta profunda… es mucho más poderosa.

¿QUÉ DICE REALMENTE EL TEXTO?
La palabra griega utilizada es ἀκρίδες – akrídes, que literalmente significa langostas. En hebreo, el término es אַרְבֶּה – arbeh, el mismo que aparece en:
“Todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, tendréis por abominación… excepto estos: la langosta (arbeh)… estos podréis comer” (Levítico 11:20–22).
Es decir:
La Torá permite explícitamente el consumo de ciertos tipos de langostas. No era algo extraño, ni impuro, ni simbólico únicamente.
Juan no era excéntrico… era coherente.
Juan no vivía en una burbuja espiritual.
Vivía en el desierto.
Vivía como los profetas.
Vivía como un nazir (nazareno) consagrado.
Su alimentación no era un acto de rareza, sino de obediencia y dependencia total del Eterno.
“Y te humilló… y te sustentó con maná… para hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre” (Deuteronomio 8:3).
Las langostas eran una fuente de proteína accesible, permitida y común en regiones desérticas. La miel silvestre era el alimento natural del entorno.
Juan vivía literalmente de lo que Dios proveía.
Un detalle que pocos notan.
La miel silvestre (דְּבַשׁ devash) no era azúcar refinada.
Era símbolo de la dulzura de la Torá y de la provisión directa del Cielo.
Juan no dependía del sistema.
No dependía del Templo corrupto en ese tiempo.
No dependía del poder religioso corrompido saduceo.
Dependía de Dios.

EL MENSAJE DETRÁS DEL ALIMENTO
El mensaje no era gastronómico. Era profético.
Juan estaba diciendo con su vida:
“Vuelvan al desierto.
Vuelvan a la sencillez.
Vuelvan a la obediencia.
Vuelvan al arrepentimiento”.
Por eso su voz sacudió a Israel. No predicaba comodidad, predicaba teshuvá (תשובה): retorno.

YESHUA CONFIRMÓ SU MENSAJE
Yeshúa no corrigió a Juan.
No lo desacreditó.
Lo afirmó.
“Entre los nacidos de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11).
¿Por qué? Porque Juan no sólo hablaba de arrepentimiento… él lo vivía.

PREPARAR EL CAMINO
Tal vez hoy el llamado no sea a comer langostas.
Pero sí a volver a una fe menos cómoda y más verdadera. Menos religión… y más obediencia.
Menos discurso… y más fruto.
Porque el mensaje de Juan sigue vigente:
“Preparad el camino del Señor”.
¿Estamos dispuestos?

Claudio Ordoz
Articulista

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