Señales cambiadas

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Alguien contaba que un anciano en el lecho de muerte, estaba muy inquieto. Cuando le preguntaron qué le pasaba, contestó que una vez, de muchacho, había jugado con otros compañeros a cambiar las señales de dirección de las encrucijadas: cuando encontraban alguna que no estaba bien plantada en el suelo, le daban la vuelta y la dejaban señalando en sentido contrario. Y el anciano decía: “No puedo dejar de pensar en la cantidad de personas que se habrán perdido y no habrán podido llegar a donde iban por culpa de lo que hicimos aquel día» (Biblia Comentada. MyBible).
Una experiencia así y, sobre todo, cuando la muerte está tan cerca tiene que ser inquietante por esas consecuencias producto de la inmadurez o la irresponsabilidad. Algo muy similar sucedería hoy en día si nos detuviéramos a pensar en los errores de acción o de omisión o cómo han sido sus testimonios. Considero que David expresó este cuidado al señalar lo siguiente: “No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, oh Señor Jehová de los ejércitos; no sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel” (Salmos 69:6). Y Pablo por su parte dijo: “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado” (2ª Corintios 6:3).
Sobre esto habrá mucho que decir, pero quiera Dios que la inquietud de aquel anciano no la experimentemos cuando ya no se puede hacer nada. Que corrijamos mientras tengamos tiempo o, mejor aún, mantengamos una actitud vigilante para evitar ser de confusión para otros.

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