
Es curioso que tengamos formas y métodos para orar que desconocen las instrucciones de Jesús. Si sus instruciones fueron: “vosotros, pues oraréis así:”, ¿por qué no las hemos obedecido? ¡Tenemos una deuda con el Señor!
Cuando el Señor Jesús estaba enseñando a orar a sus discípulos les dio unas instrucciones precisas, que, por cierto, no han sido respetadas por la iglesia, el Señor ordenó: “…Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:9-13).
Es curioso que tengamos formas y métodos para orar que desconocen las instrucciones de Jesús. Si sus instrucciones fueron: “vosotros, pues oraréis así:”, ¿por qué no las hemos obedecido? ¡Tenemos una deuda con el Señor!
El Padrenuestro ha sido repetido, pero no estudiado; forma parte de la tradición cristiana, pero no ha sido explicado. Cuando lo asumimos con calma y devoción vamos a advertir en él una herramienta diseñada por Jesús como si fuera una escalera de diez tramos por la cual vamos subiendo para hacer una revisión de nuestra vida.
Aprendamos a tener momentos de oración bajo la guía del Padrenuestro. No serán repeticiones de un palabrerío rezado; sino, oraciones, atendiendo a lo que el Señor nos enseñó. No será un modelo para memorizar sino una guía de lo que usted podría hacer al entrar a la presencia de Dios en oración.


