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Sin santidad no hay cielo

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Generada con IA / Freepik

Santidad, en el lenguaje del Nuevo Testamento es: “una manera de vivir”. ¡Que definición tan hermosa e interesante! Una manera de vivir muestra todos los escenarios que nuestra vida ofrece. Una manera de vivir es la forma en la que expresamos la totalidad de nuestro carácter. Esa fue la pregunta que hizo el padre de Sansón: “…Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?” (Jueces 13:12). La santidad, finalmente (y esto es lo que más angustia a la gente) es un requisito bíblico para poder “ver” al Señor: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).
Nos interesa el éxito de un pastor, evangelista, maestro, cantante, pero; ¿por qué no preguntamos si es santo? ¿Por qué Jesús consideró importante tomar en cuenta la santidad personal cuando nos enseñó a orar? ¿Era acaso un matiz superficial de religiosidad?; ¡por supuesto que no! El corazón de Jesús demostraba un mundo de respeto, reverencia, temor y aprecio por la persona del Padre. En las palabras “santificado sea tu nombre” está en juego la naturaleza, la persona, el carácter y la reputación de Dios.
A nosotros se nos dificulta entender la santidad de Dios. Dios es puro, amoroso, justo, misericordioso, honesto y fiel al mismo tiempo. La santidad absoluta de Dios tiene que producir en nosotros un sentimiento de pequeñez y de adoración que nos lleven a considerar cuán santos realmente somos.

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Néstor Alejandro Blanco
Pastor, teólogo, docente, locutor, escritor, autor de los libros Una Cita en el Altar, Lluvia Sobre la Hierba y Radiografías del Alma, además de numerosas publicaciones para la prensa cristiana, así como de material de crecimiento espiritual para la iglesia. Nacido en Caracas, Venezuela, actualmente reside en Santo Domingo, República Dominicana. Está casado con Rafaela Flores y es padre de dos hijos, Néstor Rafael y Néstor Alejandro.

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