
El éxito que han de tener en nuestra experiencia personal la oración y la vida de oración, pasan por esforzarnos
Esforzarse para orar resulta interesante por dos razones: primero porque pone de relieve la voluntad humana y no la del Dios que me ayuda (lo cual nos gusta tanto), y segundo, porque es un verbo reflexivo, en el cual, el sujeto, que ejecuta la acción del verbo, también la recibe.
Un esfuerzo es una actitud en la cual usamos nuestra voluntad, para conseguir algo venciendo resistencias y dificultades. El éxito que han de tener en nuestra experiencia personal la oración y la vida de oración, pasan por esforzarnos. Es importante puntualizar lo del esfuerzo personal porque nos cuesta entender cómo interactúa Dios con nosotros en ese sentido.
Todo lo que Dios quiera hacer con nosotros va a pasar forzosamente por nuestra voluntad. Es decir, nosotros somos los únicos seres de la creación que nos podemos oponer a Dios. En ese caso Él respeta nuestras decisiones, pero obviamente, estas a veces tienen consecuencias nefastas. El Señor llamó a Jonás para que les predicara a los ninivitas; el profeta decidió no hacerlo y se escondió. Finalmente tuvo que obedecer después de una experiencia traumática, la cual hubiera evitado simplemente obedeciendo. Los caminos de Dios siempre son mejores que los nuestros. Dios le dijo a Josué: “…Esfuérzate y sé valiente…”.


