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Venezuela: Una batalla por el alma y los valores de nuestra nación

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Lo que venden como progreso, suele ser retroceso. Lo que visten de derechos, oculta la censura de otros. Y lo que llaman tolerancia, en muchos países ya es persecución contra el que piensa diferente / Imagen referencial generada por IA

Cuando el futuro de un país se decide entre pasillos y a espaldas del pueblo, la democracia falla. Y ese silencio no lo pagarán los políticos de turno; lo pagarán nuestros hijos

Queremos hablarle al creyente, al pastor y a cada venezolano que aún mantiene la fe en que este país puede reconstruirse sobre cimientos sólidos.
Vivimos una batalla que no se pelea con armas, pero cuyas consecuencias son devastadoras. Es la batalla por la mente, los valores y el alma de nuestra nación.
Hermanos, el problema no es nuevo. Llevamos décadas viendo cómo distintas corrientes intentan redefinir nuestra identidad, nuestras creencias y la educación de nuestros hijos. Sin embargo, en los últimos años la presión se ha vuelto agresiva. Ya no está al margen; hoy se mete en las aulas, los medios, las instituciones y los organismos internacionales que condicionan su apoyo a la aceptación de sus agendas ideológicas.
Esto no es una teoría de conspiración. Hablamos de convenios reales y resoluciones concretas de organismos que presionan para imponer leyes sobre el ser humano, el cuerpo, el género y la familia que contradicen nuestra fe, nuestra cultura y nuestra Constitución.
Lo que venden como progreso, suele ser retroceso. Lo que visten de derechos, oculta la censura de otros. Y lo que llaman tolerancia, en muchos países ya es persecución contra el que piensa diferente.
Venezuela exige un debate honesto. No una agenda importada o impuesta en secreto por las élites. Necesitamos un diálogo abierto, con todas las voces y todos los venezolanos en la mesa. Cuando el futuro de un país se decide entre pasillos y a espaldas del pueblo, la democracia falla. Y ese silencio no lo pagarán los políticos de turno; lo pagarán nuestros hijos.
Nuestro motor no es el odio. Hablamos desde la convicción de que amar al prójimo no implica negociar la verdad, y de que defender el diseño original de la familia no es intolerancia, sino proteger el pilar de la sociedad.
Nuestra historia está impregnada de fe. Somos un pueblo de familias que han resistido la escasez y el destierro sin perder su esencia. Esa fuerza no vino de la política, vino del hogar y de la certeza de que hay valores innegociables.
En este tiempo, callar es una postura e ignorar es una decisión.
Que cada padre, madre y líder sienta la urgencia de este momento. No estamos ante un debate intelectual; nos jugamos el destino de la nación. Venezuela tiene la oportunidad de elegir, pero para elegir bien, primero debe despertar a la verdad.
Dios te Bendiga.
Tu hermano y amigo… 

José “Cheo” Lobatón
Pastor y maestro

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