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Volviendo a los verdaderos tiempos apostólicos

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El diseño original de la Iglesia siempre fue hacer discípulos de Cristo, que a su vez fueran a ganar a otros y a hacer de ellos también discípulos del Señor / Generada por IA_Freepik

Oremos y trabajemos por traer multitudes para Cristo, pero cuidemos en nuestro desarrollo ministerial el hacerlo como lo hicieron los primeros apóstoles, fortaleciendo a otros ministerios

Vivimos en tiempos complejos y desafiantes, pero también llenos de expectativa por lo que Dios desea hacer a través de su pueblo. La venida de Jesús se aproxima y cada día las señales son más claras. Sin embargo, no podemos perder de vista que la historia muestra que ha habido tiempos incluso más difíciles que el nuestro. La diferencia no está en la condición de la humanidad, sino en el cumplimiento de las señales proféticas que son evidentes de la segunda venida de Cristo.
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2:28).
Oro al Señor para que cada uno de nosotros esté apercibido y listo para el último y más grande avivamiento de toda la historia de la Iglesia. La promesa de Joel 2 está por cumplirse nuevamente, y cuando vemos esta promesa a la luz de la Biblia, notamos que habla de un derramamiento de su Espíritu sobre toda carne. Esto no sólo se refiere al pueblo gentil que hoy cree en Cristo, sino también al pueblo de Israel que aún no ha confesado a Cristo como el Mesías. Este avivamiento no discrimina; la unción caerá sobre toda persona dentro de la Iglesia.

Volviendo al diseño original:
Es crucial que la Iglesia vuelva a caminar en una visión apostólica, entendiendo que su asignación nunca fue edificar templos o centros comunitarios sólo para la convivencia entre cristianos. El diseño original de la Iglesia siempre fue hacer discípulos de Cristo, que a su vez fueran a ganar a otros y a hacer de ellos también discípulos del Señor. Los templos o locales fueron la consecuencia de buscar un lugar donde establecer el fruto de la gran comisión apostólica de Cristo.
Hoy, el Espíritu Santo está moviendo a su Iglesia a prepararse y volver a las Escrituras, al mensaje cristocéntrico, al mensaje de Cristo crucificado y resucitado que Pablo predicaba en los comienzos de la Iglesia. Un mensaje lleno de verdad y del Espíritu que genera en los oyentes el deseo de adorar a Dios de todo corazón. La verdadera adoración no es sólo cantar en un culto dominical, sino obedecer a Dios, haciendo de nuestras vidas una ofrenda de amor, así como Jesús fue una ofrenda de amor y obediencia al Padre.
“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).
Muchas organizaciones hoy en día confunden la gran comisión con crecimientos inorgánicos o artificiales, producto de la astucia o la habilidad humana en el relacionamiento, networking o negociaciones. Crecer en número no significa éxito. Crecer en número sin la dirección del Espíritu Santo y mediante estrategias humanas sólo es eso: números, pero no éxito delante de Dios. El Espíritu de Dios quiere que crezcamos en multitudes, pero de forma orgánica y espiritual, como Jesús lo hizo. No es crecer en cantidad, sino en discípulos de Cristo.

Principios de un mover apostólico bíblico en la iglesia inicial:
El mensaje de los verdaderos apóstoles se centraba en Cristo y su obra. Es un mensaje lleno de verdad y del Espíritu, predicando el arrepentimiento y la conversión a Cristo, la venida próxima de Jesús nuevamente a la tierra para juicio y ordenamiento. Es un mensaje no religioso, pero sí lleno de amor y de poder, manifestado con señales y prodigios que respaldan la predicación y motivan al creyente a madurar y tener una vida más íntima con Dios.
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).
El crecimiento de la Iglesia se da a través de la práctica de la predicación del evangelio y el discipulado, haciendo de la gran comisión un movimiento que acciona todas las actividades de la Iglesia. De esta forma, el crecimiento es orgánico y constante, garantizando que la nueva generación de creyentes esté capacitada para entender la voluntad de Dios escrita en su Palabra y ser dirigida por el Espíritu Santo como director de la gran comisión.
Los líderes cuidaban de no afectar los gobiernos naturales de las comunidades de iglesias. Los verdaderos apóstoles cuidaban de no afectar el liderazgo de otros apóstoles o pastores de sus comunidades, evitando crear competencias o interferir en la relación orgánica de esas comunidades. Sabían que cada congregación o red apostólica es parte de una gran vid llamada Jesús y dirigida por el Espíritu Santo.
“Así que, hermanos, os ruego por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1ª Corintios 1:10).
Cuidaban que las alianzas y las conexiones entre ministros y miembros de la Iglesia fueran saludables y fortalecedoras. La iglesia inicial no era una iglesia emocional o inmadura en términos relacionales. Debido a la persecución, cuidaban de manifestar el amor a los demás, pero también de cuidar a quién recibían en sus comunidades como líderes o miembros de fe.

El enfoque de la Iglesia estaba en:
– La Palabra de Dios.
– El fruto del carácter de Cristo en el creyente.
– La manifestación del amor y el poder de Dios en la Iglesia.

No establecían su liderazgo en función del carisma, influencia, conveniencias, apariencia o fama, sino en cuanto manifestaban a Cristo en su vida y en su obra, y en el respaldo del Espíritu Santo en su caminar.
“Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1ª Corintios 4:20).
Amados, espero que estos puntos sirvan como referencia para edificar nuestras vidas y ministerios cada día para parecernos a nuestro Maestro Jesús y su obra. El éxito del cielo es diferente al éxito de los hombres; es eterno y su recompensa es una vida de intimidad y amistad con Cristo. Él dijo que, si éramos sus amigos, guardaríamos su palabra y la haríamos nuestra obra.
Preparémonos para este gran avivamiento, para este gran derramamiento del Espíritu Santo en su Iglesia, que con su poder y verdad nos impulsará a preparar una novia santa y sin arruga para próximamente casarse con su novio Jesucristo. Hagámoslo a la manera de Jesús y demos fruto de su Espíritu en nosotros, para con el ejemplo y obra motivar a la siguiente generación a guardar su verdad, tener una vida íntima con el Espíritu Santo y hacer la gran comisión a la manera de Jesús.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Avancemos con fe, amor y convicción de que, aunque los tiempos se oscurezcan, también es una enorme oportunidad para que una pequeña luz alumbre aún más fuerte. No importa el tamaño de tu ministerio o comunidad, el éxito de Dios es que lo hagamos a su manera, con Él y para Él. El éxito es creer y obedecer; los números se los dejamos a Él, como dice el libro de Hechos, que el Espíritu Santo es quien añadía con su gracia a los que iban a ser salvos.
Oremos y trabajemos por traer multitudes para Cristo, pero cuidemos en nuestro desarrollo ministerial el hacerlo como lo hicieron los primeros apóstoles, fortaleciendo a otros ministerios, asegurando que nuestra influencia no sea para debilitar, sino para fortalecer el vínculo del amor y la unidad. Somos ramas de una misma Vid, tenemos un mismo Espíritu Santo y servimos a un mismo Reino, a un único y verdadero Dios Eterno.
“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36).
¡Trabajemos con Dios y hagámoslo a Su manera!
Dios les bendiga.

Manuel M. Noriega
Apóstol
Global Christian Church
Escuela Global de Ministerio.

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