Cristo no condenará a nadie, ya toda la humanidad está condenada por su propio pecado, Jesús lo que vino fue a salvarnos de esa condenación
“Yo Soy el Camino…”
“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1ª Juan 2:6).
Jesús es el Camino, eso es algo que todos sabemos, el asunto está en que no todos lo comprenden. Muchos lo entienden, en el sentido de que aceptando a Cristo, ya están en el Camino y nada más que hacer, ya todo fue hecho por Jesús. Para muchos, estar en el Camino es estar en la iglesia, es participar de sus actividades, y eso está bien, pero estar en el Camino va más allá que eso.
Jesús es el Camino en el sentido de que Él es el modelo a seguir, que, siguiendo sus pasos, e imitándole es la manera de entrar en el reino de los cielos. Dios quiere que seamos como Cristo en todo, dice: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4). Aquí no se trata de distinguirnos por virtudes o capacidades individuales, sino que seamos todos imitadores de Cristo, porque no somos llamados a vivir en una religión, siguiendo costumbres, y rutinas.
La meta que Dios ha puesto delante de nosotros, es que lleguemos a la estatura de Cristo, Pablo lo escribió así: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). La mayoría quiere empezar por conquistar al mundo para Cristo, pero están espiritualmente en pañales, nadie conquistará nada, sin primero morir con Cristo, “el grano de trigo, no llevará fruto, si no muere primero”: “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10).
Hay quienes se ponen metas de llegar a ser como tal predicador, pero nuestra meta es, renunciar a las obras de la carne, aprender a ser mansos y humildes de corazón, a no defendernos nosotros mismos, sino, así como Cristo, dejar eso en las manos de Dios. Tenemos mucho trabajo atrasado, es tiempo de empezar.
“Yo soy la verdad…”
“Jesús le dijo: ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí’” (Juan 14:6).
Si hay algo que a la mayoría no le gusta oír es la verdad, porque invariablemente es muy diferente, a nuestro concepto y a nuestra concepción de lo que es verdad. La verdad, que los hombres aceptan como verdad, frecuentemente tienen que ir actualizándola, porque surgen nuevas ideas y nuevos conceptos, que de repente lo que creíamos, se descubre que no era así. La verdad de los hombres es relativa, no es en realidad verdad, pero la Verdad de Dios es eterna. ç
Hace siglos atrás, los sabios de esa época dijeron que la Palabra de Dios, con los avances de la ciencia, quedaría obsoleta como un cuento más. Pero como es la Verdad, la Biblia está más vigente que nunca, la ciencia lo que ha hecho es comprobar que lo que está escrito es la Verdad. Tanto es así, que el libro más vendido del mundo es la Biblia, años tras años permanece primera en ventas.
Ahora bien, Cristo nos dice que Él es la Verdad, ¿a qué se refiere? Primeramente, a que Él es el Verbo de Dios hecho carne, Él es la Verdad del ser humano, Él es nuestra Verdad. Cuando fuimos creados, fuimos como Él, Dios nos dio su poder y autoridad, sobre toda la creación. Éramos inmortales hasta que la muerte entró, por causa de la desobediencia. Cristo vino a redimirnos, para llevarnos de nuevo a la condición del Edén, para llevarnos a su estatura, Él es nuestra Verdad. La Biblia dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). Seremos coherederos con Cristo, Él es el primogénito, esto significa que Él es quien tiene la autoridad y el Señorío, nosotros le serviremos y nos gozaremos con Él.
Cristo es nuestra Verdad, porque seremos como Él, Juan lo escribió así: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1ª Juan 3:2). Verdaderamente esta es una salvación muy grande, cuando Dios nos llama sus hijos, no anda con medias tintas, seremos sus herederos, y parte de la familia de Dios.
“Yo soy la Vida…”
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).
La vida que tenemos es prestada, la vida no se trata de estar activos en este mundo, ni siquiera de los disfrutes que podamos tener. La vida que tenemos es el aliento de Dios, que respiramos a cada instante, todo hombre creyente o no tiene una porción de vida dada por Dios. Esa vida dada por Dios, está en nuestro espíritu, y es por esa chispa de vida, que podemos reír, que podemos tener sentimientos de alegría, amor, ternura. Es por esa vida, que podemos tener buenos pensamientos e intenciones para con los demás, es por la porción de Dios que tenemos, que podemos proponernos alcanzar metas.
Muchos se engañan a sí mismos, pensando que esta es su vida y que pueden hacer de ella lo que les dé la gana. En realidad, sí tenemos permitido hacer lo que queramos, pero la vida no es nuestra, aquellos que no la aprecien, reconociendo al Creador, esa vida les será quitada. Porque esa porción de vida que tenemos, es para probarnos, para que escojamos a quien serviremos, si a la luz o a las tinieblas.
“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). Todo hombre tiene la luz de Dios, pero aquellos que rechacen a creer en Cristo, que no sigan el camino señalado por Dios, los rebeldes que ponen sus propias reglas, esa luz les será quitada por la eternidad. Nunca más habrá una sonrisa, nunca más verán un rayito de luz, nunca más habrá un buen pensamiento. Cristo no condenará a nadie, ya toda la humanidad está condenada por su propio pecado, Jesús lo que vino fue a salvarnos de esa condenación.
La única manera de llegar a Dios, es seguir a Cristo, de la manera que Dios mismo señaló. Jesús nos prometió vida en abundancia, la eternidad a su lado, llena de gozo, paz, amor, en cuerpos glorificados, no habrá más llanto. Pero recuerda es para el que persevere, en seguir sus pasos.
¡Dios te bendiga!!!



