Ella es un manantial milagroso que, en los desiertos trae refrigerio casi eterno, es la heroína en las batallas que se veían perdidas, es el corazón que soluciona todo en casa
La RAE define a la Madre como “Mujer que ha tenido uno o más hijos”. Esta definición se queda corta para los hijos e hijas que amamos a nuestras buenas mamás. No cabe en la cabeza que ellas se vayan como la nada, las que han partido han dejado una marca imborrable en los corazones; una madre no es sólo un vientre que pare muchachos, no es un vientre en alquiler que se vendió al mejor postor. Ella es un manantial milagroso que, en los desiertos trae refrigerio casi eterno, es la heroína en las batallas que se veían perdidas, es el corazón que soluciona todo en casa, normalmente gana con acciones innovadoras e inesperadas.
¿Quién ha perdido a su madre? Quienes experimentamos la desdicha de verlas partir, sabemos cómo queda vacío el ser, entran los hijos en una etapa de hastío y soledad que sólo en el río de lágrimas se puede sentir un poco de paz. Las madres no deberían irse así, ¿por qué tienen que morir?, ¿por qué…? Usted que la tiene viva, valórela, abrácela, bésela todos los días y, no le niegue alegrías, disfrútela honrándole. Indudablemente, una madre es para todos los días; así su perfume se haya ido cuando menos la querías (consejo para hijos e hijas malagradecidos), ¿cuándo te regañó por tanta rebeldía?… “¡No tires la puerta, no es culpa mía!”; -por no escuchar hay dolor-, “¡ahí está tu comía!”. ¡Cállate, mamá, eso no te interesa! Respondió alguien que fue llevado en un vientre.
Hace unos días atrás, vimos cómo una hija maltrataba a su madre, esta gritaba tan fuerte que quienes escuchábamos pensamos que había pasado algo muy grave; pero no, la hija estaba molesta porque su madre le solicitó el favor de llevarla a un lugar, a ese sitio donde nos encontrábamos por mera casualidad; pero no fue todo: “¡Cierra la puerta del coche, yaaaaa!”. Gritaba la joven a su progenitora. Al instante, arrancó picando caucho el automóvil, sin percatarse que pudo arrollar a su propia madre. Un inciso: Las madres malvadas, por favor, cambien, dejen vivir en paz a sus hijos (existen, y no son brujas).
La Biblia dice claramente: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24, RVR60). ¿Será que los hijos de hoy son así porque se consienten demasiado? ¿Usted sabía que aborrece a sus hijos; si no los corrige a tiempo? ¿Los padres son irresponsables cuando permiten que sus hijos les falten el respeto?… Por cierto, los hijos que reciben la instrucción, jamás padecerán por alguna humillación. Los hijos e hijas que ululan maldiciones como lobos en manada, tarde o temprano pagarán todo lo malo que cultivaron porque no valoraron el regalo de tener una madre al lado… ¡Que vivan las madres todos los años! No grites más: “¡Cállate, mamá!”.



