Jamás menospreciemos los consejos de gente sencilla. Dios ama a los humildes y aborrece a los soberbios
Muchas veces la voz de personas humildes y sencillas es ignorada por gente importante. Sin embargo, quien escucha los consejos de ellos muchas veces recibe lo que los argumentos lógicos de personas poderosas no logran.
Narra la Biblia que el general Naamán acudió ante el profeta Eliseo para ser sanado de su lepra. Como el profeta se negó a atenderlo personalmente y se limitó a ordenarle que se zambullera siete veces en el río Jordán, aquella orden le pareció una locura y se fue de allí muy enojado. Pero sus sirvientes se acercaron a él y le dijeron: “Señor, si el profeta le hubiera pedido que hiciera alguna cosa difícil, usted la habría hecho. ¡Con más razón, debiera hacerle caso y meterse en el río Jordán para sanarse!”. Naamán así lo hizo y enseguida su piel quedó sana y suave como la de un niño.
Jamás menospreciemos los consejos de gente sencilla. Dios ama a los humildes y aborrece a los soberbios.
Dios te bendiga.



