
El alma de Venezuela está desgarrada, pero no destruida. La sanidad no vendrá de un decreto humano, sino del toque del “Varón de dolores” que sabe lo que es el desprecio y el sufrimiento
Desde la caída de nuestros primeros padres en el inicio de la creación, la humanidad ha venido experimentando dolor, tristeza, lamento, enfermedades y muerte física. El dolor tiende a arraigarse en el alma (voluntad, mente y corazón), afectando pensamientos y recuerdos; sentimientos y emociones; los cuales moldean nuestras decisiones/voluntad.
Pero cuando el dolor se arraiga en el alma, tiende a desgarrarla. Tal acción difícilmente desaparece, a menos que la persona perdone y decida vivir en libertad de culpa y evitar mayores consecuencias; sin embargo, son pocos los casos, ya que la inmensa mayoría de las personas necesitan de un poder superior, específicamente la libertad que ofrece por gracia nuestro Señor Jesucristo. Sólo «si el Hijo nos liberta, seremos verdaderamente libres».
La unión de millones de almas desgarradas produce una nación enferma, con el alma colectiva desgarrada y clamando por urgente sanidad divina.
Venezuela atraviesa una de las etapas más complejas de su historia republicana. No se trata sólo de una crisis estadística o política; es una crisis del alma nacional. Las heridas son profundas y se manifiestan en el rostro de cada familia fragmentada y en el silencio de quienes sufren injusticias. Sin embargo, para un alma desgarrada, la Biblia no sólo ofrece consuelo, sino una ruta de restauración.
DIAGNÓSTICO DEL DESGARRO
El alma de Venezuela hoy presenta cuatro heridas abiertas que han socavado la estructura espiritual y social de la nación:
- La diáspora y la fragmentación familiar: La migración forzada ha convertido la mesa venezolana en un lugar de sillas vacías. El Salmo 137 describe este sentimiento: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion [Venezuela]”. La separación de padres e hijos, pastores y ovejas, ha dejado un vacío, orfandad y soledad que sólo Dios puede llenar.
La crisis económica y la dignidad herida: La escasez no sólo afecta el estómago, sino el espíritu. Cuando el trabajo honrado no alcanza para el pan, se atenta contra la provisión divina y uno de los más elementales derechos humanos. Proverbios 13:12 dice: “La esperanza que se demora es tormento del corazón”.
La injusticia y los presos políticos: La cautividad de quienes piensan distinto genera un clamor de justicia que sube al cielo. El desgarro aquí es el miedo y la impotencia ante un sistema que parece haberse olvidado (a propósito) de que “el efecto de la justicia será paz; el resultado de la justicia será tranquilidad y seguridad para siempre” (Isaías 32:17).
La división social: El odio y la polarización política han fracturado la hermandad. Se ha olvidado el principio de que “si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer” (Marcos 3:25).
¿QUÉ PRODUJO EL DOLOROSO DESGARRO DEL ALMA EN VENEZUELA?
El pasado fin de semana viajé a la boda de mi sobrino, ahí, en una sola actividad, pude observar y reflexionar acerca de nuestra grave crisis del alma. La madre de la novia no pudo venir porque tiene una solicitud de asilo en EEUU y eso le impide salir de esa nación; mi sobrina, la hermana del novio, no pudo venir por circunstancias similares en EEUU. Muchos otros familiares estuvieron ausentes porque ahora sobreviven en una migración obligada. Si eso no es desgarrador, entonces qué lo será.
El desgarramiento del alma venezolana se ha producido por causa de muertes absurdas por falta de insumos médicos, la mayoría de esos muertos no fueron despedidos por sus familiares porque emigraron escapando de la crisis. Teniendo que llorar a sus muertos en la distancia.
Desgarrador es que no existe ni una sola familia que no tenga miembros en el extranjero que se fueron porque aquí a duras penas se sobrevive. Esos casi 9 millones de inmigrantes han rasgado no sólo familias, sino la iglesia y la sociedad en general; no escapó sólo gente pujante, profesional y capacitada, sino hijos de la patria ahuyentados por un sistema que debió protegerlos en vez de amedrentarlos, oprimirlos y expulsarlos de su nación.
Cada familia, como la mía, celebra cumpleaños, bodas, entierros, graduaciones y pare usted de contar, conectados por video conferencias con sus seres amados en cualquier parte del mundo. ¿Cuánto dolor produce esto?, ¿cuánta rabia reprimida que carcome el alma?, ¿cuántas injusticias que anidan odio en el alma nacional?
¿QUÉ DICE LA PALABRA DE DIOS ANTE ESTE DOLOR EN EL ALMA NACIONAL?
Dios no es ajeno al sufrimiento de Venezuela. Las Escrituras presentan a un Dios que es experto en restaurar lo que el hombre ha destruido.
En Lamentaciones 3:21-23, el profeta Jeremías, viendo a su propia nación en ruinas, escribe: “Esto haré volver a mi corazón, por lo cual tendré esperanza. Por la bondad del Señor es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”. La sanidad comienza cuando, aun en medio de los escombros, reconocemos que la soberanía de Dios está por encima de las circunstancias temporales.
LA SOLUCIÓN BÍBLICA: EL CAMINO DE LA SANIDAD
La Biblia no ofrece una solución política mágica, sino una transformación integral que comienza desde adentro hacia afuera de cada venezolano:
- El bálsamo del arrepentimiento nacional: Antes de la restauración, suele haber un llamado al retorno. 2 Crónicas 7:14 es la llave maestra: “si se humillare mi pueblo… y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. La sanidad de Venezuela pasa por un corazón que reconoce su necesidad de Dios por encima de ideologías.
- La reconciliación (el ministerio de la paz): Para sanar el alma desgarrada por la división, debemos ejercer el perdón. No como impunidad, sino como liberación espiritual. Efesios 4:31-32 nos insta a quitar la amargura y el enojo para dar paso a la bondad.
- La esperanza en el «restaurador de portillos»: Isaías 58:12 profetiza una promesa poderosa para naciones en ruinas: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas… y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. Dios tiene el poder de usar a esta generación de venezolanos —dentro y fuera del país— para reconstruir no sólo edificios, sino valores; la espiritualidad muerta en millones de venezolanos para iniciar el más grande y poderoso avivamiento que se haya visto.
¿QUIÉNES TIENEN EL LLAMADO PARA APLICAR SANIDAD ESPIRITUAL A LA NACIÓN?
El profeta Isaías escribió acerca del ministerio del Mesías lo siguiente: «El Espíritu de Adonay YHVH está sobre mí, porque YHVH me ha ungido. Me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar los corazones desgarrados, a proclamar libertad a los cautivos y a los presos apertura de la cárcel; a promulgar el año de gracia de YHVH, y el día de la venganza de nuestro Dios; a consolar a todos los que lloran» (Isaías 61:1-2 y Lucas 4:18-19. BTX).
- Esa fue la porción que Jesucristo leyó en la sinagoga de Nazaret al inicio de su ministerio, señalando que «Hoy se ha cumplido esta Escritura en los oídos de ustedes» (Lucas 4:20); signó el ministerio terrenal del Señor y es lo que legó a su Iglesia en la tierra para continuar con su ministerio; es decir:
- Predicar el evangelio (buenas noticias) a quienes están abatidos y con dolor en el alma
- Vendar los corazones desgarrados por el dolor de una vida que jamás debieron vivir, pero que hombres corruptos y amadores de sí mismos se robaron no sólo el dinero de todos, sino el futuro, la paz, la unidad familiar y casi la esperanza.
- Proclamar libertad a los cautivos en el dolor y la desesperanza.
- De igual manera libertad a los presos, no sólo del diablo, sino de los siervos del diablo que abusan de sus funciones y encarcelan, torturan y hasta asesinan a los presos de conciencia, cuyo único crimen es no estar de acuerdo con la ignominia y la injusticia.
- Promulgar el año de la gracia de Cristo que destruye el dolor y la desgracia.
- El día de la venganza de Dios, porque en un día hará justicia el Señor, y los corruptos y burladores jamás se saldrán con la suya; porque el Altísimo pelea la causa del pobre y oprimido y destruye al impío.
- Y lo más hermoso, a consolar a los que lloran por causa del dolor que produce la injusticia, la división, el que un puñado de perversos políticos les han robado años de trabajo y sacrificio, les ha separado de sus seres amados y los han lanzado al abismo de la mengua.
Bien lo dijo nuestro Señor Jesucristo:
«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:3-9).
Qué tristeza que quienes tienen el llamado divino para sanar al país, la iglesia de Cristo con sus ministros al frente, están divididos por causa de la politiquería y las dádivas gubernamentales que corrompen el alma; por causa de un grupo de «ministros» indolentes para quienes un plato de lentejas vele más que la sanidad y la justicia de toda una nación, comenzando con los miembros oprimidos de sus propias congregaciones.
Pero Dios apelará a su remanente fiel y santo para sanar y liberar al país, a ese ejército silencioso que puertas adentro clama al Señor por su divina y poderosa intervención, con este remanente hará justicia y pondrá a los impíos en el lugar que les corresponde, y comenzará su juicio por su iglesia (1ª Pedro 4:17) y por quienes han hecho mercadería con el evangelio (2ª Pedro 2:3), ultrajando y negociando con la Novia del Cordero, su Iglesia comprada a precio de sangre.
En conclusión, el alma de Venezuela está desgarrada, pero no destruida. La sanidad no vendrá de un decreto humano, sino del toque del «Varón de dolores» que sabe lo que es el desprecio y el sufrimiento. La solución de las Escrituras es clara: volver a la fuente divina, proteger la unidad de la familia a través de la fe y mantener la integridad en medio de la prueba.
Venezuela no es sólo un territorio en crisis; es una herencia del Señor que está en proceso de purificación. La promesa para el alma afligida sigue vigente: “Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (Salmo 147:3).
La principal condición: ¡Arrepentirse y abrirle el corazón a Jesucristo! Él hará el resto en nuestra vida, familia y nación.
Georges Doumat B.


