
Desde la perspectiva del efecto Pigmalión, Jesús constantemente habló a sus discípulos no sólo en función de lo que eran en el presente, sino de aquello en lo que podían llegar a convertirse
En estos días estuve leyendo algo que la psicología considera como el efecto Pigmalión. Esto es un fenómeno según el cual las expectativas que una persona tiene sobre otra pueden influir en el rendimiento o comportamiento de esta última. En otras palabras: si alguien espera que tengas éxito, es más probable que te comportes de manera que termines teniendo éxito.
Ahora bien, lo contrario también puede ocurrir; cuando las expectativas son negativas, se habla a veces del efecto Golem, es decir, es un fenómeno psicológico por el cual las bajas expectativas que una persona tiene sobre otra terminan influyendo negativamente en su rendimiento, comportamiento o desarrollo.
En consecuencia, cuando alguien espera que otra persona fracase, sea incapaz o tenga un bajo desempeño, esas expectativas suelen transmitirse (consciente o inconscientemente) mediante actitudes, palabras y comportamientos. Como resultado, la persona afectada puede terminar actuando de acuerdo con esas expectativas negativas
Imagine dos maestros:
1.- El maestro A cree que ciertos estudiantes son muy capaces.
2.- El maestro B cree que esos mismos estudiantes tienen poco potencial.
Sin darse cuenta, el maestro A les presta más atención, les anima más y les ofrece mayores oportunidades de participación. Como resultado, esos estudiantes suelen mejorar su desempeño. Las expectativas positivas terminan influyendo en los resultados.
Ahora bien, en el liderazgo, el efecto Pigmalión es importante porque:
- Las personas suelen crecer al nivel de confianza que se deposita en ellas.
- Un líder que comunica fe en su equipo puede aumentar la motivación y la productividad.
- Las expectativas altas, acompañadas de apoyo y capacitación, producen mejores resultados.
Vemos un principio parecido cuando Jesús llamó a personas comunes y vio en ellas lo que podían llegar a ser. Desde la perspectiva del efecto Pigmalión, Jesús constantemente habló a sus discípulos no sólo en función de lo que eran en el presente, sino de aquello en lo que podían llegar a convertirse. Sus palabras moldearon identidad, propósito y expectativa. En términos de liderazgo, Jesús sembró una visión de futuro en sus seguidores antes de que ellos mismos pudieran verla.
Jesús indiscutiblemente aplicó un principio semejante al efecto Pigmalión al comunicar repetidamente a sus discípulos una identidad superior a la que ellos percibían en sí mismos. No los definió por su condición presente, sino por su propósito futuro. Antes de que fueran líderes, los llamó luz; antes de que fueran influyentes, los llamó sal; antes de que fueran firmes, llamó a Simón «Pedro»; y antes de que transformaran el mundo, les aseguró que realizarían grandes obras y, sobre todo, antes de irse, los llamó amigos. Jesús formó líderes no sólo enseñándoles conocimientos, sino también depositando sobre ellos expectativas elevadas que los impulsaron a convertirse en aquello que Él ya veía en ellos.
Líder. La pregunta de hoy tiene doble vía: ¿crees todo lo que Jesús dice de ti como discípulo? ¿Qué le dices a tu círculo íntimo cuando los instruyes y les ayudas a desarrollar su máximo potencial? Siéntate en la silla de Pigmalión y no en la Golem y serás, al igual que Jesús: Un líder de alto impacto.
Este artículo fue escrito sin inteligencia artificial.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn


