El diablo tiene permiso para tentar a los creyentes, pero no tiene el poder para obligarlos a caer, por eso tenemos que resistir al diablo, porque sólo se irá si estando firmes en Cristo, rechazamos sus tentaciones e insinuaciones
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1ª Pedro 5:8).
Hay toda una escuela, por la que tienen que pasar todos los que pretenden tener parte en el reino de Dios. La Escritura dice que todos pasaremos por las mismas pruebas, y que todos seremos probados sin excepción. ¿Quién se encarga de este “departamento”? Esa es una de las razones por las cuales el diablo anda suelto, él hizo caer a Adán y Eva, y ahora cualquiera que quiera ir al reino, tendrá que enfrentar al diablo y sus tentaciones.
Dios no quiere que después de estar en el cielo, los redimidos vuelvan a tropezar, desobedeciendo a Dios, como Adán. Así que el diablo anda como león rugiente, poniendo pruebas y tentaciones a los que verdaderamente han escapado de la condenación. Porque estos tienen que probar que realmente aman a Dios y que obedecerán su Palabra sobre cualquier circunstancia. Todo el que caiga en pecado, pasa a ser su esclavo aunque siga asistiendo a la iglesia, y no quedará en la casa de Dios.
El diablo tiene permiso para tentar a los creyentes, pero no tiene el poder para obligarlos a caer, a quien tenemos es al Espíritu Santo para fortalecernos, si clamamos por su ayuda. Por eso tenemos que resistir al diablo, porque sólo se irá si estando firmes en Cristo, rechazamos sus tentaciones e insinuaciones.
Si confesamos sanidad, cuando nos ataca con síntomas y malestares, para que dudemos de la sanidad por las llagas de Cristo. Cualquier desliz o debilidad que tengamos, inmediatamente irá a acusarnos al trono de Dios, el primero que se entera es Dios. La Biblia dice así de los que irán al cielo: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11).
¡Dios te bendiga!!!



