
Culpar al diablo por nuestra falta de carácter es una forma de orgullo que nos impide arrepentirnos y crecer
Es muy tentador “espiritualizar” nuestros errores porque eso nos hace sentir víctimas en lugar de responsables. Pero la Biblia es clara:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7)
A veces, lo que llamamos “ataque del enemigo” es simplemente la cosecha de decisiones que tomamos hace meses.
NO NECESITAMOS AYUDA PARA CAER
Santiago nos explica que el problema suele estar adentro, no afuera:
“Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia (deseos desordenados) es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15).
La madurez no es reprender nubes negras, es tener la honestidad de examinar nuestros pasos.
EL CASO DE SANSÓN (Jueces 14 y 16)
Muchos creen que lo de Sansón fue un ataque sorpresa, pero él llevaba años rompiendo su pacto de nazareo (Números 6):
1) Tocó un cadáver para comer miel (suciedad).
2) Fue a banquetes de vino (exceso).
3) Jugó con su secreto hasta perderlo.
Cuando los filisteos lo atraparon, no fue una “batalla espiritual”, fue la consecuencia lógica de alguien que descuidó su identidad.
Conclusión: Culpar al diablo por nuestra falta de carácter es una forma de orgullo que nos impide arrepentirnos y crecer. ¡Menos “reprender” y más examinar el corazón!
Shalõm Ubrahot Lekulãm: Paz y bendiciones para todos.
José ‘Cheo’ Lobatón
Pastor


