
Disciplinadamente hay que apartar tiempo para orar y crear así la conciencia de hábito y necesidad
El desarrollo de un hábito no es un hecho milagroso, es el producto de una serie de decisiones realizadas en el tiempo. En la vida diaria no siempre tenemos “ganas” de realizar nuestros deberes, pero los hacemos porque esa es la arquitectura moral de la vida; de lo contrario entraríamos a una crisis existencial. De manera que, disciplinadamente hay que apartar tiempo para orar y crear así la conciencia de hábito y necesidad.
El hábito de la oración nos ayuda a permanecer constantemente sintonizados con la presencia de Dios y eso cambia sustancialmente nuestra vida. Ana derramó su alma ante la presencia de Dios en oración y el Señor le regaló al profeta Samuel, el más grande líder de la nación de Israel en tiempo de crisis. “…Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová” (1 de Samuel 1:27-28).
Notará que estamos hablando de compromisos. Es necesario precisar esto porque hay quienes desean recibir mediante la oración las bendiciones de Dios, pero no están interesados en las demandas de Dios. Para ellos la oración es sólo como la palanca de Arquímedes que sirve para mover cualquier cosa. Orar a Dios implica que aceptamos que Dios invada la totalidad de nuestra vida, lo cual nos prepara para hacer su voluntad ¡Sin condiciones!


