La humildad es un valor que escasea con el tiempo. Se está convirtiendo en “una especie en extinción”. Muchas personas, erróneamente, asumen que ser humilde es sinónimo de debilidad. Sin embargo, para Dios los humildes son sus amigos y por tener esa condición hasta les perdona muchos errores.
Jesús narró la historia de un hombre que estaba orando en el templo y con humildad reconocía su condición de pecador. Se sentía tan humillado ante Dios que no se atrevía a mirar hacia el cielo y con la cabeza agachada se golpeaba el pecho mientras oraba: Señor, ten compasión de mí, porque soy un pecador. Debido a que reconoció su condición pecaminosa con humildad, se humilló y no se consideró mejor que nadie, Dios lo perdonó y lo exoneró de culpas. Pero otro hombre que estaba cerca de él, aunque tenía mejor conducta, al creerse superior a este pecador, fue descalificado por Dios al instante. Con razón dice la Biblia que “Dios está en contra de los orgullosos, pero a favor de los humildes”.
Dios te bendiga.



