
La desobediencia es algo tremendo que en la mayoría de los casos el hombre no puede dominar y cae rendido en ella. Esta viene envuelta en un halo de ignorancia, curiosidad, deseo de conocimiento y nuevas experiencias
Génesis 2:16-17, “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
La desobediencia es algo tremendo que en la mayoría de los casos el hombre no puede dominar y cae rendido en ella. Sus consecuencias son devastadoras para el ser humano. Esta viene envuelta en un halo de ignorancia, curiosidad, deseo de conocimiento y nuevas experiencias.
Y esta no distingue edad, raza, sexo o credo para invadir la vida del ser humano.
Basta que usted le diga a un bebé que esté en edad de gatear que no meta el dedo en el tomacorriente, para que este en un breve descuido suyo lo haga y desobedezca la orden o instrucción que se le dio.
En su grado más inocente, eso fue lo que se le dijo a Adán en el huerto del Edén. Y ya vemos las consecuencias que produjo esa desobediencia.
Mire lo que ocurrió en las Olimpíadas de invierno de 2022.
“La expresión de la adolescente reflejaba angustia y vergüenza. De cara a las Olimpíadas de invierno de 2022, su éxito como patinadora no tenía parangón y la hacía candidata segura a la medalla dorada. Pero luego, el resultado de un análisis de sangre reveló una sustancia prohibida. Agobiada por el enorme peso de las expectativas y la condena, se cayó varias veces durante la competición, y no hubo ni podio ni medalla. Antes del escándalo, había desplegado libertad artística y creatividad, pero ahora su sueño se había roto”.
Y eso es lo que trae la desobediencia: sueños rotos, frustración, desánimo, rabia, temor e inseguridad.
Desde el mismo comienzo de la humanidad, Dios ha mostrado la gran importancia de la obediencia al ejercer el libre albedrío. La desobediencia que es lo contrario, produjo efectos devastadores en Adán, Eva y todos nosotros, ya que el pecado trajo dolor y muerte al mundo (Génesis 3:6-19). No tenía por qué ser así. Dios había dicho: “De todo árbol del huerto podrás comer, excepto de uno” (2:16-17). Pensando que “serían abiertos [sus] ojos, y [serían] como Dios”, comieron del prohibido “árbol de la ciencia del bien y del mal” (3:5; 2:17). Y tras eso, vino el pecado, la vergüenza y la muerte.
Pero en su gracia, Dios nos da libertad y muchísimo para disfrutar (Juan 10:10). Con amor, nos llama a obedecerlo para nuestro bien.
Amados, ¿quién se beneficia más si obedecemos o no?
¡Usted y Yo!
Que el Señor nos ayude a disfrutar de una vida plena y libre de vergüenza.
Oremos así.
“Padre celestial, gracias por la libertad de obedecerte”.
Que tengas un lindo y bendecido día.


