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La ira debilita

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El problema no es sentir ira, sino permitir que se quede a vivir en el corazón / Freepik

La ira no gestionada te aleja de las personas, pero también de tu identidad. No la ignores, pero tampoco la justifiques. Reconócela, enfréntala, y entrégala a Dios

La ira es una emoción humana legítima. Como líderes, no estamos exentos de sentirla. Surge como respuesta a situaciones externas que nos afectan profundamente: injusticias, frustraciones, heridas no sanadas, decisiones que nos desilusionan o palabras que nos hieren. Es parte de nuestra humanidad.
Pero el liderazgo exige algo más que humanidad: exige dominio propio, sabiduría y discernimiento. El problema no es sentir ira, sino permitir que se quede a vivir en el corazón. Cuando la ira se convierte en un huésped permanente, contamina la visión, distorsiona el juicio y debilita la autoridad espiritual del líder.
La Escritura nos advierte: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo» (Efesios 4:26, RVR1960). Esta instrucción no busca reprimir la emoción, sino enseñarnos a gestionarla con madurez. El líder que guarda ira sin resolver, tarde o temprano actuará desde la herida y no desde la convicción. Y cuando eso ocurre, las decisiones pierden sabiduría, las palabras pierden gracia, y el corazón pierde paz. En consecuencia, un líder herido… hiere.
Jesús, nuestro máximo ejemplo de liderazgo, también se airó. Lo hizo al ver el templo convertido en mercado, al enfrentar la hipocresía religiosa, al observar la dureza del corazón humano. Pero su ira nunca fue descontrolada ni destructiva. Fue justa, dirigida, y siempre alineada con la voluntad del Padre. En Él, la ira no fue pecado, sino una expresión de celo por la santidad.
Como líderes, estamos llamados a reflejar ese modelo. Santiago nos exhorta: «Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Santiago 1:19, RVR1960). La rapidez para airarse es señal de inmadurez; la lentitud para hacerlo, evidencia de carácter formado.
El salmista también nos recuerda: «Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo» (Salmos 37:8, RVR1960). Y el libro de proverbios añade: «No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios» (Eclesiastés 7:9, RVR1960).

Líder: la ira no gestionada te aleja de las personas, pero también de tu identidad. No la ignores, pero tampoco la justifiques. Reconócela, enfréntala, y entrégala a Dios. Porque el liderazgo de alto impacto no se construye desde la emoción, sino desde la convicción, la templanza y la comunión con el Espíritu.

Textos bíblicos (RVR1960)
Efesios 4:26 «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo».
Santiago 1:19 «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse».
Salmos 37:8 «Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo».
Eclesiastés 7:9 «No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios».

Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn

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