Si la oración ocupara el lugar de todas esas prácticas tradicionalmente religiosas, habría una revolución en el mundo cristiano
Creemos absolutamente que hablar de oración es un tema necesario y lo vamos a repetir muchas veces, como Pablo a los filipenses: “…A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro…”.
Inquieta que en la iglesia seamos diligentes en mantener una serie de actividades tradicionalmente religiosas en menoscabo de la oración. Si la oración ocupara el lugar de todas esas prácticas, habría una revolución en el mundo cristiano. Por eso cada creyente debe tomar por su cuenta la necesidad de rescatar la oración privada del clóset en donde la hemos tenido secuestrada.
Los cristianos debemos tratar a la oración con especial esmero. Hoy vemos con preocupación a los cristianos en la iglesia haciendo toda clase de pactos, algunos de ellos antibíblicos. Si algo merece pactar, en el sentido de activar una autodisciplina, es la oración.
Hablamos de prometer e involucrarnos con Dios en una decisión para separar cada día un momento sagrado, a la hora que usted pueda, los minutos que usted pueda y en el lugar que pueda para pasar tiempo con Dios. Si usted no se disciplina la oración no llega sola, porque, el momento de orar se nos escapa y casi sin darnos cuenta llega el final del día cuando ya estamos muy cansados para orar. ¡Este es el momento!



