
En un tiempo donde abundan las interpretaciones sobre el gobierno de la Iglesia, es fundamental regresar al estándar de las Escrituras
El verdadero diseño apostólico no se define por los títulos humanos, sino por el carácter, la integridad y el fruto que se manifiesta en el servicio al Reino de Dios. En un tiempo donde abundan las interpretaciones sobre el gobierno de la Iglesia, es fundamental regresar al estándar de las Escrituras.
Analizamos las marcas distintivas que identifican el corazón, la ética, las relaciones y la responsabilidad que definen las características de los verdaderos apóstoles.
I. INTEGRIDAD EN LAS RELACIONES Y CUIDADO DEL CUERPO
El primer gran termómetro de un llamado legítimo es cómo trata el líder a la Iglesia de Cristo y a sus consiervos. El verdadero apóstol edifica; jamás destruye.
1. Jamás ocasionan daños al cuerpo de Cristo. Entienden que la Iglesia es la amada del Señor y actúan con temor reverente hacia ella.
2. No comienzan su ministerio dividiendo el de otro. Respetan los fundamentos colocados por otros líderes y no edifican sobre el terreno ajeno mediante la fractura.
3. Hacen todo lo posible para evitar divisiones en las iglesias. Son pacificadores por excelencia, buscando siempre la armonía del pueblo.
4. No trabajan tras bastidores para desviar familias de sus coberturas. Operan en la luz; aborrecen la manipulación y el proselitismo encubierto.
5. No son chismosos ni hablan mal de sus compañeros. Protegen la reputación de sus pares y entienden que la murmuración debilita los lazos del Reino.
1ª Corintios 1:10: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”.
II. ÉTICA MINISTERIAL Y HONOR ENTRE COMPAÑEROS
El trato hacia el colega caído o en crisis revela qué espíritu opera en el corazón de un ministro.
6. Ayudan a sus compañeros de ministerio a levantarse. Su enfoque es la restauración, no la condenación.
7. No hacen leña del árbol caído. No se unen al juicio público ni celebran el tropiezo de otro líder.
8. No se aprovechan de las desgracias de otros pastores en la ciudad. No utilizan la crisis ajena para hacer crecer sus propias congregaciones.
9. No le faltan el respeto a otros ministros. Gobiernan su conducta con la ley del honor ministerial.
10. Cuidan su lengua minuciosamente. Son conscientes del poder de sus palabras y las usan únicamente para sazonar con gracia y edificar.
11. No recurren a la violencia cuando son ofendidos. Responden con la mansedumbre y el dominio propio que provienen del Espíritu Santo.
Gálatas 6:1: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.
III. COSMOVISIÓN, COSECHA Y RESPONSABILIDAD
El apóstol posee una mentalidad gubernamental y estratégica que entiende el impacto a largo plazo de sus decisiones.
12. Tienen una visión clara y amplia del Cuerpo de Cristo. Su perspectiva supera las paredes de su propia organización local; ven el panorama global de la Iglesia.
13. Dan la cara, admiten sus errores y los corrigen. No se esconden detrás del cargo; la vulnerabilidad y la rendición de cuentas forman parte de su madurez.
14. Saben que lo que siembran, eso cosecharán (eventualmente). Viven bajo el principio absoluto de la justicia divina, sembrando acciones de integridad.
Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
Marcas que sostienen el día a día de su asignación: su devoción a la Palabra, su excelencia organizativa, el costo de su llamado y la manifestación del poder sobrenatural del Espíritu Santo.
IV. DEVOCIÓN A LA PALABRA Y VALENTÍA FINANCIERA
La enseñanza sólida y la transparencia económica son columnas que sostienen la credibilidad apostólica.
15. Estudian la Palabra de Dios con profundidad. Son obreros aprobados que trazan bien la verdad y no dependen de revelaciones sin sustento bíblico.
16. Enseñan la Palabra de Dios en tiempo y fuera de tiempo. Su mensaje es constante, firme y oportuno, sin importar las circunstancias externas.
17. No tienen miedo de hablarle al pueblo acerca de las finanzas. Enseñan sobre la mayordomía con libertad, sin culpa y con el único fin de activar las bendiciones del Reino en la congregación.
2ª Timoteo 4:2: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.
V.ORDEN, EXCELENCIA Y GESTIÓN DEL TIEMPO
Dios es un Dios de orden, y sus representantes terrenales deben reflejar ese mismo estándar de excelencia organizativa.
18. No son desordenados. Establecen sistemas, estructuras y procesos claros para el desarrollo de la obra.
19. Son recatados, pulcros, limpios y organizados. Su apariencia física y el entorno donde operan honran el Nombre que representan.
20. No son orgullosos, ostentosos ni vanidosos. Viven con sencillez de corazón; su seguridad está en su identidad en Cristo, no en la exhibición de riquezas.
21. Son puntuales y no pierden el tiempo. Valoran las horas como un recurso sagrado entregado por el Creador.
22. Respetan el tiempo de los demás. Honran las agendas de sus equipos y colaboradores, entendiendo que el respeto mutuo es clave en el Reino.
23. Tienen un espíritu de excelencia. Todo lo que hacen, lo ejecutan con el más alto nivel de dedicación, cuidado y profesionalismo.
1ª Corintios 14:40: “Pero hágase todo decentemente y con orden”.
VI. SACRIFICIO Y PROPÓSITO DEL REINO
La verdadera autoridad espiritual no se compra; se forja en el altar del servicio desinteresado y la entrega personal.
24. Emergen a base de mucho sufrimiento. Sus credenciales ministeriales llevan las marcas del proceso, la prueba superada y la perseverancia.
25. No edifican su propio reino. No buscan el aplauso personal, el monopolio de la fe, ni la exaltación de su propio nombre.
26. Trabajan para el engrandecimiento del Reino de Dios. Su enfoque principal es expandir el gobierno de Cristo en la tierra.
27. Tienen una agenda internacional y una pasión por las naciones. Su llamado los impulsa constantemente a romper fronteras para llevar el Evangelio.
2ª Corintios 12:12: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.
VII. VIDA ESPIRITUAL DE PODER Y OBEDIENCIA RADICAL
Finalmente, el ministerio apostólico se sostiene sobre las rodillas y se valida mediante la manifestación del poder sobrenatural del Espíritu Santo.
28. Son personas de mucha oración. Su vida pública de poder es solo el resultado de su vida privada de comunión íntima con el Padre.
29. Creen que la sanidad divina y los milagros son para el día de hoy. No limitan el poder de Dios al pasado histórico; saben que el Señor opera activamente en el presente.
30. Oran con fe y denuedo por los enfermos. Actúan como canales de compasión y poder para ver la manifestación física del poder de Dios.
31. Hacen todo lo que la Biblia dice que podemos hacer. Operan en una obediencia radical, sin recortar las Escrituras y creyendo fielmente en cada promesa y asignación del diseño divino.
Marcos 16:17-18: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpentinas, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
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Con cariño,
Sydney Stair
Apóstol y escritor


