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Si Dios dijo NO, no insistas

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Suele ocurrir que cuando la respuesta divina no es la que esperábamos, decimos entonces que Dios no nos respondió / Imagen generada por IA_Freepik

Dios siempre es positivo, porque si responde con un NO rotundo, estemos seguros de que esa es su mejor respuesta

Existe una especie desconcertante que la cultura eclesiástica ha bautizado como “oraciones no contestadas”. Si creemos que una oración no ha sido contestada, estamos sometiendo a Dios a un juicio; y de esa manera ponemos al Señor en el banquillo de los acusados.
La Palabra de Dios, promete innumerables veces que Dios responderá nuestras oraciones; pero nos sorprenderá más aún las pocas y contadas veces que Él promete que no va a oír ni mucho menos responderlas, porque está haciendo un juicio por la desobediencia y el pecado de la gente. Revisemos cada uno de los siguientes pasajes: 

  • “…cuando multipliquéis la oración, yo no oiré (Isaías 1:15). 
  • “…Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no os responderé (Ezequiel 20:31).
  • “…porque yo no oiré en el día que en su aflicción clamen a mí” (Jeremías 11:14).
  • “…Cuando ayunen, yo no oiré su clamor (Jeremías 14:12).

Dios contesta todas nuestras oraciones, a menos que haya una razón que lo obligue a no responder por causa de nuestros pecados que desencadenen un juicio suyo. Suele ocurrir que cuando la respuesta divina no es la que esperábamos, decimos entonces que Dios no nos respondió. Una negativa de Dios es también una respuesta. Además, Dios siempre es positivo, porque si responde con un NO rotundo, estemos seguros de que esa es su mejor respuesta. Es triste que lo que llamamos éxito al orar sea solamente una contabilidad de las oraciones que llamamos “contestadas”. 

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Néstor Alejandro Blanco
Pastor, teólogo, docente, locutor, escritor, autor de los libros Una Cita en el Altar, Lluvia Sobre la Hierba y Radiografías del Alma, además de numerosas publicaciones para la prensa cristiana, así como de material de crecimiento espiritual para la iglesia. Nacido en Caracas, Venezuela, actualmente reside en Santo Domingo, República Dominicana. Está casado con Rafaela Flores y es padre de dos hijos, Néstor Rafael y Néstor Alejandro.

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