Temporada

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Nosotros los seres humanos deberíamos disfrutar y vivir intensamente cada temporada que el Señor permita en nuestras vidas

Eclesiastés 3:1 “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
Los fanáticos venezolanos del béisbol profesional, así como los del basquetbol y cualquier otro deporte; esperan con ansia que llegue la temporada. Y así se transcurre la vida en la espera de temporada o momentos.
El sabio Salomón en el capítulo 3 de Eclesiastés, enumera una serie de momentos en la vida del ser humano que son ciertas. Y llega a la conclusión que el hombre debe disfrutar de su trabajo (vs 22).
Particularmente pienso que nosotros los seres humanos deberíamos disfrutar y vivir intensamente cada temporada que el Señor permita en nuestras vidas. Ya sean estas buenas o malas según sea nuestra percepción.
Algo el Señor nos quiere enseñar en cada temporada o momentos por los cuales Él nos permite pasar.
Así como el invierno es una época de desaceleración en gran parte de la naturaleza, la autora Katherine May usa esta palabra para describir nuestra necesidad de descansar y recuperarnos durante las etapas «frías» de la vida.
A veces nos toca la temporada o el momento de hibernar como muchos de los animales que tienen este hábito. Y debemos hacerlo.
DIOS sabe que necesitamos desacelerar en esa carrera loca del afán que tenemos.
Muchas veces nos resistimos a esa desaceleración, luchamos contra nuestro invierno, oramos para que nuestra vida estival vuelva. Pero realmente tenemos mucho que aprender. Y Dios lo sabe. Por eso nos pasa por ahí.
La frase famosa del libro de Eclesiastés dice que «hay un momento bajo el cielo para toda actividad»: tiempo de plantar y de cosechar, de llorar y de reír, de sufrir y de gozarse (3:1-4. RVC).
Cuenta la Sra. Sheridan Voysey que: “Había leído esas palabras durante años, pero comencé a entenderlas en mi temporada invernal. Cada momento tiene su fin y pasará cuando su obra se haya completado. Dios está haciendo algo importante en nosotros con eso (v. 11). Sufrí mucho con la enfermedad y muerte de mi Padre. Mi tiempo de sufrir no había terminado aún, pero la temporada de gozarme volvería pronto. Tal como los animales y las plantas no luchan contra el invierno, debemos descansar y permitir que haga su obra restauradora en nosotros”.

Oremos así:
“Padre celestial, gracias por usar cada momento de mi vida para mi bien”.
Que tengas un excelente y bendecido día.

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