La separación del mundo y apartarse del mal no es una opción, es un mandato firme que la mayoría no está cumpliendo, y está robando unción a la iglesia
“Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1ª Corintios 5:11).
Debido a nuestra naturaleza carnal, somos atraídos hacia todo lo que es contrario al espíritu, y rechazamos todo lo que es del Espíritu Santo. Así que ser cristiano y compartir con inconversos o cristianos que no andan conforme a la Palabra, no es aceptado por Dios. Más claro no puede estar en nuestro texto inicial, una sola manzana podrida daña todas las demás, y un poco de levadura leudará toda la masa.
Claro que Cristo compartió con pecadores y fariseos impíos, y cuando nosotros lleguemos a su estatura, entonces podremos darle a los pecadores de lo que tenemos, sin que lo que ellos tienen nos afecte. Pero mientras estemos en crecimiento espiritual, tenemos que guardar distancia con el pecado, esto también es una orden para apartarse de los que no tienen la misma doctrina.
Es nuestra responsabilidad, luchar por mantener una sana doctrina, y esto no tiene medias tintas, dice así: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!” (2ª Juan 1:9-10).
La separación del mundo y apartarse del mal no es una opción, es un mandato firme que la mayoría no está cumpliendo, y está robando unción a la iglesia.
¡Dios te bendiga!!!



