
Lograr una vida de oración no es una carrera de velocidad y jamás se debe hacer para competir ni para impresionar a nadie. Sólo separe un espacio de su tiempo para estar con Dios
Robert Murray, un hombre que pasaba muchas horas en oración le dijo un día a un predicador: “Dedíquese usted a la oración y al ministerio de la Palabra. Si usted no ora, Dios probablemente lo pondrá a un lado de su ministerio, como lo hizo conmigo para enseñarme a orar”.
Los pastores de la iglesia de Jerusalén no cayeron en la trampa de comprometer el tiempo de su ministerio atendiendo las tareas de la “estructura” de la congregación. Cuando surgió el problema de la atención a las viudas, entendieron que se requería de un liderazgo de nivel medio, para que se encargara de ese trabajo; y fueron enfáticos: “…nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6:4).
Puede ser que cuando escuchamos de personas que oran durante horas nos invada un sentimiento de inferioridad e impotencia porque creemos que nosotros no podemos hacerlo. No permita que esa sensación domine su vida.
Lograr una vida de oración no es una carrera de velocidad y jamás se debe hacer para competir ni para impresionar a nadie. Sólo separe un espacio de su tiempo para estar con Dios como lo hacía Jesús de Nazareth: “…levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).
No se angustie si ese tiempo es breve, si es de madrugada, de tarde, de noche. Todo eso es secundario. Lo importante es la constancia en hacerlo porque eso es lo que permite que Dios te sorprenda con la invasión de su presencia. Entonces te olvidarás del tiempo y las horas te parecerán minutos.


