La pesca milagrosa no se compartió con las otras barcas como lo hizo el apóstol Pedro. Los dueños de las barcas compraron una más grande. Luego un barco. Después un buque y finalmente un Trasatlántico
(Periódico La Palabra – Verdad y Vida).-

Nota de la Redacción: El presente trabajo del apóstol Roosevelt Muriel fue publicado en el Periódico La Palabra de Colombia, por lo acertado del mismo y por la pertinencia que tiene con la Iglesia de Venezuela, lo reproducimos para ustedes, a manera de advertencia, con el debido permiso de este periódico de nuestra hermana República.
¿DE QUÉ DEBEMOS ARREPENTIRNOS LOS PASTORES, MINISTROS Y LÍDERES DE LA IGLESIA CRISTIANA EN COLOMBIA?
Un poco de historia para entender el presente
Durante los años 90 en Colombia –una de las décadas más difíciles que ha vivido esta nación por los excesos de la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico, los secuestros, los cilindros bomba, la crisis económica y el desempleo– en diferentes eventos cristianos se escucharon varias palabras proféticas acerca de que el Padre celestial derramaría de su Espíritu Santo sobre esta nación. Y el Padre le cumplió a los colombianos y su Espíritu Santo fue derramado en nuestro territorio. ¿Pero que hicimos con la unción y los dones que entregó el Espíritu Santo a muchos líderes?
Desde los años 90 hasta hoy –por cerca de 30 años– la Iglesia Cristiana nacional no sólo ha avanzado numéricamente, sino que también se han experimentado toda clase de movimientos, unciones, dones y manifestaciones del Espíritu Divino. Han surgido nuevas denominaciones, muchas nuevas congregaciones y todo tipo de ministerios. Varias ciudades cuentan con una o varias mega-iglesias. Todavía, hasta hoy, cada año, cristianos de diferentes naciones vienen a Colombia a hacer turismo espiritual y participar en las diferentes actividades que algunos ministerios importantes realizan en nuestro territorio.
Como en los tiempos del profeta Hageo
Pero sucedió lo que no debía suceder. Como en el tiempo del profeta Hageo, cada pastor y líder que estaba teniendo algún relativo éxito ministerial corrió a decorar su propia casa —iglesia o ministerio— y nos olvidamos de la importancia de caminar, trabajar unidos y vivir como el Cuerpo de Cristo para evangelizar a toda la nación uniendo fuerzas y recursos. Pues, cada uno fabricó su propia visión, misión y metas particulares descuartizando la visión de un solo cuerpo en cada ciudad y de nación.
En los últimos treinta años el egoísmo, la codicia, y el individualismo se hicieron presentes en los corazones de los más bendecidos. Se cambió el verbo “evangelizar” por otro verbo extraño que no aparece en las Sagradas Escrituras: “Acaparar”. Algo parecido a fuego extraño en el templo de Dios. La pesca milagrosa no se compartió con las otras barcas como lo hizo el apóstol Pedro. Los dueños de las barcas compraron una más grande. Luego un barco. Después un buque y finalmente un Trasatlántico.
¿El juicio ha comenzado en la nación?
¿Es el comunismo-populismo el azote que Dios trajo sobre Colombia y sobre su Iglesia para este tiempo y para esta hora? ¿Como podemos detener el juicio de Dios? El pasaje de 2 Crónicas 7:13-14, tiene la respuesta:
Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Muchos ministros y gran parte de la Iglesia nacional nos hemos humillado. También hemos orado y buscado el rostro del Señor. ¿Pero nos hemos convertido de nuestros malos caminos y de las malas prácticas ministeriales? ¿De la codicia? ¿Del individualismo y del egoísmo rampante?
¿De qué debemos arrepentirnos los pastores, ministros y líderes colombianos?
Para empezar, hay varios puntos importantes:
1. El iglecrecimiento sin la dirección del Espíritu Santo. Confundimos la fe con la codicia.
2. La teología de la prosperidad con su manipulación incluida.
3. La super fe sin límites santos.
4. Visión-misión-metas particulares por encima del Cuerpo de Cristo en la ciudad y la nación.
5. Liderazgo por productividad y no por el llamado divino. Por conveniencia convertimos a las ovejas en hormigas. Se reemplazan los líderes cuando llega alguien mejor. Por eso, hay mucha gente herida en las calles que sirvieron con pasión y entrega, pero luego fueron desechados por sus líderes. Muchos decidieron no congregarse nunca más.
6. Y las iglesias pequeñas codiciaron a las grandes. Entonces también se inventaron su propia visión-misión. Se encerraron en sus cuatro paredes y se separaron del cuerpo de la ciudad.
7. La arrogancia y la prepotencia de la primera ola Apostólica. El interés financiero. La paternidad manipulada. Y la acumulación de poder y riqueza de “los ungidos”.
¿Qué más debemos reconocer, confesar y arrepentirnos?
1. Nos faltó discernimiento. Olvidamos las dos promesas proféticas que habían sido enviadas por Dios a través del profeta de Costa Rica: Rony Chávez:
- Si Colombia cambia, cambia el mundo.
- La otra Colombia, la del Espíritu Santo.
2. Nos faltó humildad. Perdimos el contacto y el relacionamiento de los grandes con los pequeños. De los ungidos con los que anhelaban la unción.
3. Nos faltó amor de unos por los otros. Con el éxito personal nos volvimos insensibles a las necesidades de los otros hermanos. Indiferentes, incluso. Los pastores del mismo barrio no se buscan entre sí. Se evitan. Se ignoran. Compiten
4. Abandonamos el Cuerpo de Cristo. Nos independizamos de los demás. Y nos dedicamos a crecer de manera obsesiva “nuestra iglesia o ministerio”. Entonces se levantó en la Iglesia del Señor Jesucristo un nuevo ídolo: “Los números”.
Tener numerosos asistentes en el ministerio es señal de bendición. Los que no tienen número no están bendecidos así estén ocupados en hacer la voluntad de Dios. ¿Quién nos ha estado engañando?
5. Algunos ministros cayeron en el exhibicionismo de la unción y la bendición. Unos cuantos púlpitos –no todos– se convirtieron en una pasarela de modas. En cada sermón, la unción, el sermón y la vanidad carnal se entremezclaron.
6. Caímos en la glorificación de los ungidos. Pues quienes lograran poseer un don profético, de sanidades o de milagros prácticamente han sido idolatrados. ¿Qué nos advierte Juan 7:21?
7. La adoración como fuente de manipulación de las emociones. En muchos casos el fondo musical ha sido usado intencionalmente para levantar y subir las emociones de las masas. Para hacerle creer al público que la unción de Dios está presente. No siendo verdad.
8. El enojo de Caín, sigue intacto en los corazones del liderazgo cristiano. El verdadero perdón en el liderazgo es escaso y muchas veces se ha reemplazado por hipocresía.
9. Del uso de la iglesia para fines políticos: Varias asociaciones de pastores y ministros fueron convertidas en fortines políticos para uno u otro líder. La mayoría de las veces han sido un mal testimonio para la nación.
10. De la falta de clamor por la nación: Los grandes líderes no se unen ni juntan a sus pueblos para hacer un solo clamor como iglesia en la nación y por la nación misma. Cada uno hace su propio evento en los espacios públicos, pero nunca están juntos clamando al Dios Altísimo. O, postrados uno al lado del otro.
URGENTE: ¡UN INTENTO MÁS!
Todavía estamos a tiempo para que cada asociación, fraternidad o alianza de pastores, cada denominación, cada ministerio y cada congregación, comience a convocar a jornadas de arrepentimiento continuo.
Hasta que El Dios Altísimo escuche una vez más el clamor de su pueblo. E incluso cada hogar y cada oficina. Cada salón de clases. ¿Qué pasaría si lo hacemos cada día desde de hoy hasta las nuevas elecciones a las 6 am, 12 pm y 9 pm?
¡Es ahora o nunca!
Roosevelt Muriel
Apóstol, escritor y conferencista
https://rooseveltmuriel.com/
De su libro “SOS COLOMBIA: La nación que no ha reconocido el tiempo de su visitación divina”.




