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Inicia este año con tu mirada en el verdadero desenlace final

Jesús está en el trono y no hay nadie por encima de Él: que nuestras prioridades reflejen esa verdad

Nuestro tesoro no está en esta tierra. Nuestra carrera no termina a final de año. Nuestro Amado regresa pronto / Freepik

Con el inicio de un nuevo año, quizás también tengas una lista con nuevas metas. Pero ¿qué tal si para empezar el año consideramos el mensaje final que tenemos en Apocalipsis? Es el mensaje que nos dejó «el primero y el último», quien no tiene principio ni fin, acerca de las cosas que están sucediendo y de las que han de suceder pronto (Apocalipsis 1:19).
Tener presente cuál es el verdadero desenlace final de los tiempos que esperamos los creyentes, nos puede dar una mejor perspectiva sobre qué acciones y decisiones tomar cada vez que iniciamos un nuevo ciclo en nuestras vidas.
Así que, en este breve artículo, quisiera que recordemos siete verdades que el Señor Jesús nos enseña en el libro de Apocalipsis, para luego considerar siete consejos —que podemos usar para pulir nuestra lista de metas de año nuevo— basados en el mensaje que Jesús envió a cada una de las iglesias, al inicio de Apocalipsis (2:1 – 3:22). Junto con cada consejo, te animo a que tomes un tiempo para leer y reflexionar en el mensaje de cada carta.

7 VERDADES PARA RECORDAR

1. Jesús está en el trono.
El Cordero que fue inmolado está a la diestra de Dios (5:6). Él es el Soberano sobre los reyes de este mundo (1:5; 4). Los gobernantes que vemos hoy no logran representarlo bien; esto es más que evidente cuando son injustos, mediocres o corruptos. Sin embargo, a pesar de lo que vemos hoy, el Apocalipsis nos recuerda que el Señor reina. Él tiene el control de la historia y pronto vendrá a consumar Su gobierno.

2. Somos la novia del Cordero.
Somos el pueblo de Dios (12:17). Un pueblo que espera el regreso de su Rey; por eso es retratado como una novia que espera a su Amado (22:17). No lo hacemos como una novia atemorizada que espera a su novio para fugarse con él; somos la novia que espera al Todopoderoso, Rey de reyes y Juez de este mundo. Así que, si eres creyente, recuerda: estás comprometido, esperas tu boda y quieres ser leal.

3. Tenemos un enemigo.
Mientras esperamos a que nuestro Amado regrese, somos seducidos con mentiras y placeres para que le seamos desleales (13:14-15; 17). Si bien el enemigo del Cordero se ha volcado contra Su pueblo con aflicciones y torturas (12:13-17), también se nos advierte que una de sus armas favoritas es la seducción (cp. 2:20-32; 17:1-6). No solo ofrece los placeres de este mundo, sino que también tergiversa la verdad del evangelio para «engañar, de ser posible, aun a los escogidos» (Mateo 24:24).

4. Vencemos unidos al Cordero.
Aunque en Apocalipsis se ve que el poder del enemigo es limitado (7:3; 9:4; 20:3), también se deja ver que, mientras esperamos el regreso del Señor, el adversario tiene cierta libertad para perseguir al pueblo de Dios, incluso a muerte (13:7; cp. 2:10; 11:7). No obstante, aun así, los creyentes vencen «por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos» (12:11; cp. 2:9-10).
La novia vence mientras se aferra a la promesa, a la Palabra del Cordero. El tipo de victoria que como pueblo podemos esperar aquí en la tierra no es fortaleza política, paz, preeminencia y control. Si el Novio es un Cordero inmolado, la novia se pinta como una ciudad sitiada.

5. No hay un “hasta que la muerte nos separe”.
Los creyentes sabemos que ni el sufrimiento ni la muerte nos pueden separar del amor del Señor (Romanos 8:38-39), pues Él mismo nos resucitará y glorificará (2:11; 20:6). Como Jesús advirtió: «No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno» (Mateo 10:28). Así que, mientras esperamos Su regreso, podemos vivir como embajadores de otro reino.

6. Dios preparará nuestro hogar.
El Señor vendrá y con Su regreso hará justicia y purificará la tierra para que moremos con Él (15:7-8). El Señor raerá todo rastro de maldad, deslealtad y engaño (19:20-21). Cada uno será juzgado. Nuestro enemigo recibirá su merecido (20:20). Dios juzgará y Su justicia triunfará (20:11-15). Podemos confiar en que nada escapará de Su justo juicio.

7. Gozaremos del Señor por siempre.
Finalmente, sabemos que estaremos eternamente con nuestro Señor, nuestro Amado, el dueño de todos nuestros afectos (19:6-9). El Señor no sólo instaurará la paz, sino que además nos concederá vivir con Él por siempre. «Él enjugará toda lágrima de [nuestros] ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas ha[brán] pasado» (21:4).

Arrepintámonos por lo que hemos descuidado, por la idolatría que encontremos en nuestro interior y por la incredulidad con la que aún luchamos

7 CONSEJOS PARA INICIAR UN NUEVO CICLO

1. Prioricemos amar al Señor (Éfeso, Apocalipsis 2:1-7).
Está bien tener metas especiales para empezar un nuevo ciclo, pero procuremos que entre las principales esté hacer cambios para que nuestra comunión con el Señor crezca, para que nuestra vida gire entorno a serle fieles y a buscar Su reino. Recuerda, Jesús está en el trono y no hay nadie por encima de Él: que nuestras prioridades reflejen esa verdad.

2. Preparémonos para ser fieles en medio del sufrimiento (Esmirna, Apocalipsis 2:8-11).
Nadie planifica sufrir, pero podemos prepararnos para sufrir bien. Ya que es muy probable que este año suframos varias aflicciones, propongámonos estar en guardia para enfrentarlas con fe cuando aparezcan (o si ya están presentes). ¿Qué tal si empezamos a orar para cuando llegue el momento? ¿Podría ayudar tener una lista de amigos en la fe a quienes recurrir para pedir oración? ¿Una selección de pasajes que nos recuerden nuestra esperanza y la fecha de caducidad del sufrimiento? ¿Podemos prepararnos incluso para morir o recibir la muerte de algún ser querido con esperanza?

3. Busquemos mantenernos puros (Pérgamo, Apocalipsis 2:12-17).
Necesitamos levantar algunas barreras que nos ayuden a no ceder tan fácilmente ante las tentaciones. Quizás debas «cortar» algunas manos o sacarte algunos ojos este año (cp. Mateo 5:29-30). No olvidemos que estamos siendo bombardeados con seducciones que ofrecen placeres que nos alejan de Dios, las cuales pueden ir desde un ascenso laboral hasta un clic en Internet.
Sin embargo, recordemos que, aunque está bien preparar algunos límites, el mejor antídoto para evitar la tentación es acercarnos al trono de la gracia (Hebreos 4:16) y tener comunión con el Padre que nos limpia de todo pecado (1ª Juan 1:7, 9).

4. Busquemos creer la verdad (Tiatira, Apocalipsis 2:18-29).
Si somos tentados no solo con placeres mundanos, sino también con mentiras que atentan contra la verdad de Dios y Su evangelio, entonces necesitamos crecer en conocimiento de la Palabra, en comprensión del evangelio y en entendimiento de las doctrinas bíblicas. ¿Podría decirse que eres alguien que conoce la sana doctrina? Este año, proponte no solo leer tu Biblia, sino estudiarla también. Incluye algunos libros teológicos en tus lecturas del año. Involúcrate en ser y hacer discípulos en conjunto con tu iglesia local. Procuremos crecer en conocimiento de la verdad.

5. Reavivemos lo que aún es rescatable (Sardis, Apocalipsis 3:1-6).
Antes de emprender una serie de nuevas metas, revisemos nuestro corazón y examinemos nuestras motivaciones, conducta y fe. Arrepintámonos por aquello que hemos descuidado, por la idolatría que encontremos en nuestro interior y por la incredulidad con la que aún luchamos. Pidamos al Señor que reavive nuestra fe y sostenga nuestro deseo de serle fiel.

6. Retengamos firme lo que tenemos (Filadelfia, Apocalipsis 3:7-13).
¿Creemos que el año que pasó hicimos algunos avances en nuestra disciplina de buscar al Señor, en amar al Creador sobre lo creado o en deleitarnos en el Señor? Procuremos no retroceder. Busca blindar tu tiempo de comunión con el Señor. Repasa las verdades preciosas del evangelio y atesóralas en tu corazón.

7. Busquemos ser ricos en el Señor (Laodicea, Apocalipsis 3:14-22).
Apuntemos a que nuestras decisiones este año reflejen que buscamos primero el reino de Dios (Mateo 6:25-33; Lucas 12:29-31), que hacemos tesoros en los cielos (Mateo 6:19-21; Lucas 12:32-34) y que de allí esperamos nuestra recompensa (Colosenses 3:23-24). Una de las expresiones de ser rico en el Señor es desestimar las riquezas que ofrece este mundo. En esa línea, te animo a preparar tu corazón para la austeridad y para ser generoso. Revisemos nuestros presupuestos y evaluemos qué ajustes tenemos que hacer.
Nuestro tesoro no está en esta tierra. Nuestra carrera no termina a final de año. Nuestro Amado regresa pronto. Ven, Señor, y ayúdanos a serte fieles mientras te esperamos. Amén.

Katherine Alvarado de Estrada
Teóloga, editora
www.coalicionporelevangelio.org

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