El problema radica en que ha ocurrido una usurpación de autoridad por parte de una organización paraeclesiástica no gremial, al arrogarse para sí la representatividad absoluta de la comunidad cristiana evangélica venezolana
A mi amada Iglesia Cristiana Evangélica venezolana en todas sus expresiones:
Las CIRCUNSTANCIAS de la carta
Hoy, como pueblo de Dios en Venezuela, enfrentamos desagradables circunstancias que amenazan con desestabilizar nuestra unidad como iglesia de Cristo. Esta situación es consecuencia de un movimiento divisor de naturaleza política. Ya son veintisiete años buscando enturbiar la imagen de la comunidad cristiana evangélica nacional.
Ante esa situación me propuse escribir esta carta. Hoy la publico apoyado en mi libertad de conciencia. El celo que me produce ver ofendida la dignidad de la Iglesia Cristiana Evangélica Nacional a la que pertenezco no me deja espacio para el silencio, ya que, las repercusiones divisorias contra ella amenazan con agrandar las grietas que lograron abrir en nuestra comunidad espiritual.
Mi escrito no busca representar la voz de la iglesia ni de grupo u organización alguna. Escribo desde mi conciencia fijando mi posición ante los hechos que describiré más adelante. Mi respaldo viene de mi sumisión a Cristo como miembro de su Iglesia en Venezuela por casi 44 años y por el respaldo de 40 años sirviéndole como ministro suyo por la gracia del Señor. Declaro que ella está llamada a cumplir su misión discipuladora bajo la sola autoridad del Señor Jesucristo. Él es su único Soberano y Salvador que reina sobre todo el universo con señorío y autoridad.
Bajo esa soberanía hoy, en pleno uso de mis facultades, escribo esta declaración fundamentada en mi conciencia, mi identidad cristiana y en mis derechos ciudadanos:
El HECHO cuestionado
Hace más de un año, el 29 de enero de 2025, se anunció en un acto gubernamental dirigido al sector de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana que se establecía el primer sábado de agosto de cada año como el día nacional de la “Marcha para Jesús”, además, se declaró la misma como “patrimonio inmaterial y espiritual” de la nación. A mi entender, este hecho consumó lo que anteriores intentos no habían logrado, esto es, agrietar la unidad de la iglesia como nunca antes había ocurrido.
Lo más preocupante de estos hechos es que no se anunciaron desde un escenario propio de nuestra representatividad cristiana, sino desde una tribuna política militante. Quienes se presentaron como “representantes” nuestros no representaban siquiera alguna de las organizaciones que aglutinan a mayorías de nuestra iglesia nacional. Sólo había líderes cristianos afectos al régimen gobernante. Resulta incoherente con nuestra moral cristiana escudarse en el respaldo de un estamento político sumamente cuestionado.
Ese cambio de fecha inconsulto y la “militanciación” política de la iglesia provocaron las condiciones que mantienen en vilo nuestra unidad. Por “militanciación” política me refiero al comprometimiento de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana con la militancia política-ideológica del partido gobernante. Esto salta a la vista al prestarse los responsables para la solicitud, aprobación y participación en ese acto público gubernamental. Así nuestra imagen quedó comprometida con un régimen sumamente cuestionado por serias denuncias de fraude, represión, persecución y violación de derechos humanos.
Mi propósito
Ante esos hechos cuestionables surgen un conjunto de preguntas que busco responder en el presente escrito:
- ¿Por qué las decisiones que rodearon la “Marcha para Jesús” han desafiado y comprometido la autoridad suprema de Cristo sobre su Iglesia Cristiana Evangélica venezolana?
- ¿Por qué las decisiones que rodearon la “Marcha para Jesús” representan la usurpación de la representatividad de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana ante un régimen de gobierno cuestionado?
- ¿Por qué las decisiones que rodearon la “Marcha para Jesús” han trastocado la autonomía religiosa de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana desviándola de su dignidad y misión espiritual?
- ¿Por qué las decisiones que rodearon la “Marcha para Jesús” representaron un movimiento divisor de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana?
El PROBLEMA principal
El problema radica en que ha ocurrido una usurpación de autoridad por parte de una organización paraeclesiástica no gremial, al arrogarse para sí la representatividad absoluta de la comunidad cristiana evangélica venezolana. Al hacerlo, ha comprometido política e ideológicamente la imagen de la misma ante un régimen venezolano seriamente cuestionado en el plano nacional e internacional. Esto contradice nuestra misión iluminadora como “Luz del mundo”, “Luz de Venezuela”, “Luz de la esfera política venezolana”.
Mi respuesta
A los hechos, las preguntas y el problema doy una respuesta lo más pertinente, firme y objetiva desde diferentes perspectivas, las cuales, expongo a continuación:
1) Desde la perspectiva BÍBLICA Y TEOLÓGICA respondo a la pregunta: ¿Por qué las acciones de la fundación “Marcha para Jesús” se consideran un desafío a la autoridad suprema del Señor Jesucristo sobre su Iglesia?
Las considero así porque “Marcha para Jesús” no se trata sólo de un evento, sino de una manifestación pública del pueblo de Dios, por lo que, todo lo que se decida con ella compromete, por un lado, la autoridad del Señor Jesucristo sobre nosotros y, por otro, nuestra identidad como Iglesia suya.
En esa relación inseparable la identidad eclesial no depende de nosotros. No somos iglesia porque lo decidimos. Somos iglesia porque Dios lo decidió. Él dijo: «Yo… edificaré MI iglesia» (Mateo 16:18). Él es su cabeza y como tal nos integra en un solo cuerpo, pero suyo no de nosotros ni de nadie más. Somos su iglesia, su novia, su grey, su pueblo, su familia. No lo gobernamos nosotros a Él ni a ella. Él y sólo Él es quien nos gobierna y debe seguir gobernándonos. Debe dejarse a la esposa con su prometido real. Muy celoso, por cierto.
Sobre las prerrogativas de este prometido eterno Pablo revela lo siguiente:
«[…El Padre…] nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra… sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades… y ÉL ES LA CABEZA DEL CUERPO QUE ES LA IGLESIA» (Colosenses 1:13-20).
2) Desde la perspectiva POLÍTICA-IDEOLÓGICA respondo a la pregunta: ¿Por qué las acciones de la fundación “Marcha para Jesús” se consideran un acto de “militanciación” política de la imagen santa de la iglesia contraria a los valores que la constituyen?
Llego a esa conclusión al evaluar los procesos políticos que configuraron a Venezuela en los últimos veintisiete años. Durante este período fuimos objeto de una deconstrucción basada en la utopía de Marx. Siguiendo esa ruta marxista, izquierdista un movimiento político inició la demolición de nuestra plataforma medianamente capitalista para sustituirla por una socialista/comunista.
Ese proceso revolucionario 1) atizó el descontento popular mediante la exageración de las contradicciones (1928-1998); 2) instauró la revolución por vía electoral para poder secuestrar el poder (1998); 3) inició una transición socialista con la que fue creando las condiciones para la fase final del proceso revolucionario (1999-2012); 4) comenzó a imponer la definitiva estructura comunista que consumaría su utopía “liberadora” (2012-2026). Bajo esa anacrónica ideología nuestra nación ha sufrido una demolición que nos ha dejado en la ruina.
En el marco de esa “revolución” nuestra patria experimentó una destrucción implacable hasta convertirla en una viva muestra de la “pobrecita Venezuela” de aquella profecía del 1983, la de la “Danta herida” y gimiente del 1984, la de la “platabanda demolida” y de la “vieja embarazada” del 1988. Se sustituyó el estado de derecho por lo que unos consideran es hoy un estado fallido y un régimen violatorio de los derechos humanos tan parecido a la dictadura gomecista y la perezjimenista.
Represión, miles de presos políticos, muchos de ellos fallecidos bajo custodia, crisis económica, destrucción de toda la infraestructura de servicios a escala nacional, corrupción a niveles escandalosos, fraudes electorales, pérdida de la independencia de los poderes públicos, impunidad, creación de grupos de choque para controlar la población, control de combustible, alimentos, gas, cemento, entre otras cosas. A todo lo anterior se les acusa de instrumentar el sistema de justicia y los organismos de seguridad como medio de chantaje y presión sobre la población.
En lo religioso, confirmando anuncios proféticos como los de “La danta herida”, se fortalecieron, al amparo estatal, todas las expresiones religiosas de tipo esotérico, espiritista, animista locales y de otras culturas. Paradójicamente en octubre del mismo año en que se declaró la “Marcha para Jesús” como patrimonio inmaterial y espiritual de la nación, dos meses después, exactamente el 11 de octubre de 2025, también se hizo lo mismo con el culto a María Lionza en la propia montaña donde se celebra.
Es bueno acotar que este reconocimiento gubernamental con respecto a este culto espiritista compromete al Estado venezolano con su salvaguarda y su permanencia en el tiempo. ¡Que contradicción! Me pregunto ¿Qué se ganó con el reconocimiento estatal de la marcha? ¿Cómo se puede pretender “militanciar” la imagen de la “Luz de Venezuela”, la Iglesia Evangélica nacional, ante una estructura política con estas características?
3) Desde la perspectiva PROFÉTICA respondo a la pregunta: ¿Por qué las acciones de la fundación “Marcha para Jesús” se consideran un acto de desobediencia a las directrices reveladas por el Espíritu Santo en el marco profético venezolano?
Las veo de esa manera porque el proceso político destructivo que acabo de describir fue revelado, cuestionado y advertido por nuestra autoridad suprema en su marco profético para Venezuela. Una de sus profecías más claras sobre el tema, “La platabanda” de Ángel Hernández, nos describió con lujo de detalles lo que ocurriría. No la entendimos. Nos encontró en un estado de ignorancia política muy agudo. Carecíamos del conocimiento que define la integralidad de nuestra misión.
Esa ignorancia nos creó un “sesgo” hacia lo espiritual en las profecías. Una prueba de ello es la interpretación de la profecía de Carlos Giménez dada en enero de 1984. Se le denominó “la persecución de la iglesia”. Sin embargo, el tema principal de la misma es un cambio violento del sistema político hacia uno de orientación comunista radical. Todos vimos sólo la persecución desechando los demás elementos involucrados. Por eso, la renombré como “Imposición de sistema comunista en Venezuela”.
Nuestra ignorancia también nos produjo un “punto ciego” en cuanto al contenido político, económico, militar de las profecías. Los ignoramos, aunque se encuentran en profecías como “El futuro político de Venezuela”, “Los tres ayes”, “El manto rojo”, “La persecución de la iglesia”, “El examen histórico”, “El lagar de Dios”, entre otras. Ambos defectos nos inhabilitaron para interpretar a plenitud lo que el Señor nos reveló en las profecías. Entonces, la “platabanda” (1988) nos cayó encima y “los tres ayes” nos hicieron pobrecitos (2013-2026). Hoy vivimos sobre unas ruinas nada parecidas al “mar de la felicidad”.
Estuvimos concentrados en nuestros deberes “espirituales” olvidando y menospreciando nuestros deberes ciudadanos terrenales venezolanos. Pasamos por alto que al ser salvados y regenerados por el Espíritu Santo quedamos en esta tierra con el llamado a iluminar nuestra sociedad en todas sus esferas. Esto incluye la esfera política. Nuestra vida fuera de la iglesia no es un mal necesario, sino un bien de valor misional, misionario y misionero. Es el escenario donde demostramos lo santo que somos.
En esa espiritualizada omisión no seguimos el propósito del Señor para Venezuela. Él le dijo al diablo en la profecía “El remanente de esperanza”: «no te entregaré a Venezuela». La mayoría de nosotros hicimos todo lo contrario dejándole al enemigo no sólo la política a su merced, sino el Estado y la cultura. Lo más lamentable es que esa entrega no fue sólo por aislamiento, sino por participación militante.
A pesar de las claras orientaciones proféticas se levantó un sector de nuestra iglesia nacional minoritario, pero poderoso económicamente, influyente, mediático y conectado con centros de poder interesados en meterle mano a la santa Novia del Cordero. Ellos, envalentonados por ese respaldo humano y el acorralamiento represivo de quienes los podrían confrontar, buscaron instrumentalizar nuestra expresión religiosa cristiana evangélica como blanqueador religioso de la imagen del régimen. Entregaron a Venezuela en las manos de sus destructores.
Al contrario de esa distorsión nuestra autoridad suprema nos ordena iluminar a todo el mundo en todas sus esferas, pero sin apagar nuestra virtud iluminadora. Él es nuestro máximo ejemplo habiendo vivido como “Luz del Mundo”. Un modelo que los misioneros definimos como “identificarse sin perder la identidad”. Ese es el modelo sublime.
En esa misma línea profética otras revelaciones, en su mayoría cumplidas, terminaron de armar el cuadro, pero no lo vimos o no lo quisimos ver por ignorancia o incredulidad: “el manto rojo” (1983), “los tres ayes” (1983), “imposición de un sistema comunista” (1984), “la danta herida” (1984), “la resurrección de Venezuela” (1988), “la Nueva Venezuela” (1988), “el examen histórico” (Botello 1993), “la zarza” (1998).
Ya en pleno proceso de demolición, Dios siguió hablándonos con “El lagar de Dios” (2010), “El Espíritu de Hitler” (2012), “Los cuatro ejércitos” (2012), “El león herido” (2012), “El cachorro de león” (2013), entre otras, pero la mayoría las ignoró y otros erróneamente prefirieron sumarse a la demolición pensando que, si Dios lo permitiría, entonces, era válido sumarse a las cuadrillas. Así, en vez de identificarse sin perder la identidad, perdieron su identidad identificándose con los demoledores.
En medio de esos hechos tan tristes esta la iglesia fiel del Señor. No fuimos librados de pasar por este “examen histórico”. Junto a los cristianos evangélicos que emigraron entre 8.000.000 de venezolanos estamos los que nos quedamos aquí. Ambos estamos siendo librados a través del fuego. Atravesar este valle ha sido muy duro, pero el Señor nos ha venido guardando a través de esas furiosas aguas que han venido inundando nuestra triste “vieja embarazada”. Con su ayuda hemos llegado hasta aquí con la esperanza en la promesa de nuestra “Niña hermosa”, la esperada “Nueva Venezuela”.
4) Desde la perspectiva HISTÓRICA ORGANIZATIVA respondo a la pregunta: ¿Por qué las acciones de la fundación “Marcha para Jesús” se consideran un acto contrario a la herencia de la Iglesia Cristiana que ha luchado por mantener su carácter autónomo no militante ante las estructuras políticas de las naciones?
Debo enfatizar que a lo largo de su historia la Iglesia Cristiana y, en específico, el sector evangélico y pentecostal nunca ha tenido una autoridad única y absoluta. Podría citarse como única excepción el período conocido como la “Iglesia imperial”. Este inició con el decreto del emperador romano Constantino en el 312 d. C. Él cesó la persecución de la iglesia, la declaró religión oficial del Estado y se arrogó para sí la autoridad sobre ella como emperador.
Sin embargo, la historia nos atestigua que durante ese período hubo sectores de la iglesia que no se plegaron totalmente a esa autoridad única manteniéndose al margen. Al caer el imperio romano y durante la llamada iglesia medieval, se notó más que no toda la “iglesia” aceptaba una autoridad única y absoluta. Surgieron múltiples grupos que rechazaron esa estructura clerical. La reforma vino a consumar esa posición al consagrar tanto la autonomía de las iglesias locales como el sacerdocio de todo creyente.
La CONCLUSIÓN: se ha afectado la autoridad de Dios y la autonomía de la iglesia
Con todo lo expuesto queda claro que la única autoridad a la que responde la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana es a la de Cristo. Esta autoridad ha sufrido en los últimos veintisiete años el intento profano de usurparla para convertir a su iglesia en instrumento de proselitismo político. Nuestros hermanos apoyados en el respaldo gubernamental han incurrido en una grave falta pública y notoria. Se han arrogado para sí esa autoridad comprometiendo a su iglesia públicamente en un yugo diametralmente desigual.
Ha quedado demostrado que la crisis actual generada por el cambio inconsulto de fecha y la politización de la ‘Marcha para Jesús’ es el síntoma de una distorsión teológica: la de pretender desplazar a Jesucristo como la máxima autoridad sobre la iglesia. Las preguntas que quedan ahora por responder son: 1) ¿De qué modo se administra la autoridad del Señor sobre su Iglesia en Venezuela?; 2) ¿De qué modo legal e institucional puede ser representada ante la nación?; 3) ¿Qué debemos hacer en consecuencia?
En una segunda carta buscaré responder estas preguntas analizando la estructura policéntrica y diversa de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana, la exageración y abuso de la autoridad apostólica pretendiendo autoridad absoluta, las garantías constitucionales que protegen la autonomía de cada congregación local, así como, de cada organización denominacional y eclesiástica y cuál deberá ser nuestra posición como iglesia y como miembro ante toda pretensión de subyugar la iglesia a una autoridad única terrenal.
Nos vemos en la próxima publicación.
Giovani Pelayo
Pastor y maestro
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