Conoce el desafío de la unidad cristiana venezolana…
Por segunda vez a mi amada Iglesia Cristiana Evangélica venezolana en todas sus expresiones:
Hoy, en pleno uso de mis facultades, vuelvo a escribir esta declaración fundamentado en mi conciencia, mi identidad cristiana, mi sentido de responsabilidad ministerial y en mis derechos ciudadanos para darle continuidad al tema que inicié en la primera parte de esta carta aclaratoria:
RECAPITULACIÓN del motivo de mis cartas
No estoy atreviéndome a escribir impulsado por un arrebato emocionalista, sino basado en un llamado de mi conciencia esperando que responda a una comisión divina. Nuestro común Señor lo confirmará. Por esta razón, les recuerdo el problema sobre el cual me estoy expresando, el cual, describí en mi carta anterior, el mismo, guarda relación con los hechos que rodearon la “Marcha para Jesús” en enero de 2025:
«El problema radica en que ha ocurrido
una usurpación de autoridad por parte
de una organización paraeclesiástica no
gremial, al arrogarse para sí la represen-
tatividad absoluta de la comunidad
cristiana evangélica venezolana. Al
hacerlo, ha comprometido política e
ideológicamente la imagen de la misma
ante un régimen venezolano seriamente
cuestionado en el plano nacional e inter-
nacional. Esto contradice nuestra
misión iluminadora como “Luz del
mundo”, “Luz de Venezuela”, “Luz de la
esfera política venezolana”».
Esta definición del problema, luego de ser sustentada con pruebas desde diferentes perspectivas en mi primera carta, ha sacado a la luz el desafío que la Iglesia Evangélica venezolana tiene en frente. De eso es que hablaré en esta entrega.
El DESAFÍO que la iglesia enfrenta: iluminar o dejarse eclipsar
Todo lo que expuse en la carta anterior está muy alejado de nuestros temas tradicionales centrados en nuestra espiritualidad, nuestra moralidad cristiana, la Biblia o la misión. Esa rareza no se halla en la naturaleza del tema, sino en el aislacionismo dualista de quienes desconectamos nuestra ciudadanía celestial de nuestra ciudadanía terrenal.
Insisto en que buscando con sinceridad ser lo más santos posible, evitando contaminarnos, terminamos engañándonos creyendo que los deberes ciudadanos terrenales no eran tan obligatorios como los celestiales. Olvidamos que las Escrituras nos enseñan la obediencia a los primeros, mientras no transgredan los segundos y que los segundos, los espirituales, empoderan, sustentan y dirigen el cumplimiento de los terrenales. Es una relación interactiva que aparece implicada en una de las frases que definen la naturaleza de la iglesia: “Luz (deberes espirituales) del (el puente entre ambos) mundo (deberes terrenales)”.
Todos los cristianos venezolanos estamos de acuerdo en que somos “Luz”, tampoco hay discusión en cuanto a cumplir nuestra misión iluminadora en lo misionero, evangelístico, cúltico y servicial. El problema surge al hablar de ser “Luz del mundo” en la esfera política, económica, cultural, militar y otras esferas menos “espirituales”. En ese punto nos metemos debajo del almud del espiritualismo dualista aislacionista o nos subimos a una “repisa decorativa” confundiéndola con el verdadero candelero (Mateo 5:15). En ambos casos, le dejamos todo el terreno al diablo y este no lo piensa dos veces para tomarlo.
En esa tensión entre “iluminar” y “escondernos” unos se limitan a hacer las incursiones necesarias, especialmente, cuando se requiere algún “contacto” para agilizar trámites. “Conocerás algún contacto por allí que nos ayude” solemos decir. Otros van más allá convirtiéndose en militantes políticos y agentes de reclutamiento y blanqueamiento religioso de regímenes cuestionados. La lección, en el caso venezolano, está en pleno proceso de aprendizaje. Mientras tanto nuestro desafío de iluminar todas las esferas de nuestra sociedad sigue en pie esperando nuestra mejor versión. No la podremos eludir, porque estar en la actual posición donde Dios ha llevado su Iglesia en Venezuela «no se puede esconder» (Mateo 5:14).
Gracias a Dios siempre hay iglesias fieles que no se esconden o eclipsan. Ellas vienen cumpliendo su misión iluminando la oscuridad de esta patria en todas las dimensiones, todavía en pininos, pero del modo correcto: se “identifican sin perder su identidad”. Líderes y miembros vienen preparándose y entrenándose defendiendo valores cristianos y fogueándose con líderes cristianos de México, Argentina, Colombia, Perú, Costa Rica, Guatemala que nos llevan años de aprendizaje y pueden enseñarnos mucho. Lamentablemente, aún son minoría y lamentablemente las iglesias que prefieren el almud y las que han confundido el “candelero” con una “repisa decorativa”, atragantándose estas de marxismo y teología de la liberación, aunque también son minoría, llevan la delantera por el apoyo que les provee el poder.
Desde el inicio de la demolición del Estado, descrita en mi primera carta desde la perspectiva político-ideológica y profética, la iglesia en general ha venido siendo seducida para subir a una “repisa” disfrazada de candelero. Paradójicamente, a una iglesia que se sube allí le pasa lo mismo que si se escondiera debajo del almud, esto es, ¡NO ILUMINA! Desde este punto de vista los que han subido a esa repisa de fuego extraño han permitido que las tinieblas logren ECLIPSAR el resplandor de la “Luz del mundo” en ellos.
Desde la perspectiva del marco profético venezolano, los que han ido comprometiendo la imagen de la iglesia con el sistema dictatorial venezolano, poco a poco fueron subiendo hacia el monte del “chivo de cuernos recrecidos” (quien conoce el marco profético venezolano entiende). Allí tampoco se pueden esconder, pero sí ha podido ser ECLIPSADA su luz por la oscuridad bermeja de aquellos con quienes se colude. Los que se han prestado para esta movida se han autoengañado creyendo estar ante la oportunidad que esperaban. Otros parecen ser oportunistas desbandados por el plato de Esaú y el precio de Balaam. El poder da mucha seguridad, placer y confianza. En criollo hace sentir “guapo y apoyado”. Es bueno recordar que ese poder está por desaparecer.
La ENCRUCIJADA de los líderes y miembros de la iglesia
Las preguntas cruciales y trascendentales hoy son: ¿Estás en el candelero o en el almud? Para los que creen que están en el candelero hay una pregunta más que responder: ¿Estás en el candelero donde sólo nos coloca el Padre de las luces o en una “repisa de adorno” donde suelen colocar los manoseadores de la santa iglesia? Es una pregunta crucial porque la verdadera “Luz del mundo” y “Esposa del Cordero” no elige el lugar donde colocarse. Eso le toca al Señor que nos gobierna. Los que nos quieren comprar otra vez con darnos “todos los reinos de este mundo” sólo merecen una bofetada por abusivos. Ningún otro nos compró al precio más alto, el de su sangre. Por eso, únicamente nuestro Esposo eterno merece nuestra sujeción.
Ese deber de sujeción única a un único Esposo nos coloca a todos los cristianos evangélicos venezolanos en una encrucijada. Es parte del “examen histórico” para ponernos a elegir entre la “espada de Bolívar” y la “espada del Espíritu” (quien conoce el marco profético venezolano entiende). Nuestra elección revelará si somos parte de la “vieja embarazada” o de la “niña Nueva Venezuela” (quien conoce el marco profético venezolano entiende). Es, entonces, la prueba del discernimiento. Discernir espiritualmente es el desafío que el espíritu Santo nos ha colocado en este tiempo tan crucial para nuestra nación. Este es un tiempo de definiciones que requiere de madurez al máximo nivel.
Lo anterior me convence de que estos no son días para la superficialidad ni para el infantilismo, mucho menos para el fanatismo emocionalista y subjetivo. El estupor, la estupidez, la memoria corta, el “deje así” y el simplista “sumemos no restemos” tienen que acabarse. El tiempo de ser niños se acabó. Es el momento de ser adultos a la estatura de Cristo (Efesios 4:11-16). Es un examen que busca probar cuánta madurez hemos alcanzado, por lo menos, la mayoría, después de más de doscientos años de iluminación de estas tierras y de la mayor escuela experiencial vivida en estos últimos veintisiete años y contando.
Junto a la prueba del discernimiento tenemos también la prueba del señorío. La voz de Josué retumba alcanzándonos hoy con el mismo desafío de aquel entonces: «Escogeos hoy a quien sirváis» (Josué 24:15). El mismo Señor que nos demanda una decisión nos advierte tajantemente advirtiéndonos que ninguno que le sirva a él «puede servir a dos señores» (Lucas 16:13). Luego, por medio de Pablo se nos ordena «apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo» (II Timoteo 2:19). El Espíritu Santo nos anima a mantenernos fieles mostrándonos el testimonio de David: «compañías de impíos me han rodeado, más no me he olvidado de tu ley» (Salmo 119:61). Mis hermanos y consiervos, es claro el llamado de nuestro Señor a iluminar sin dejarnos eclipsar.
El desafío de DISTINGUIR quién es quién
Este llamado me da pie para destacar un punto muy importante: hay una iglesia fiel atrapada en este proceso divisor. Un gran número de miembros de esta iglesia sólo siguen las directrices de sus pastores y líderes. Muchos de estos pastores y líderes también siguen sinceramente lo que creen que son lineamientos legítimos a seguir. Se entusiasman, respaldan, se visten, marchan y corean consignas y publican sus experiencias porque creen sinceramente que están participando en algo genuino. Ellos merecen nuestra sensibilidad y oración para que Dios los ilumine. Son los rescatables en este proceso reunificador.
Que este grupo de cristianos sinceros sea desviado para darle “representatividad numérica” a un movimiento divisor añade peso a la culpa y el castigo de los divisores. Es que agrietar la unidad de la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana no es cualquier cosa. Es intentar dividir a Cristo mismo, pues, equivale a colocar otra cabeza sobre su santo cuerpo que es la Iglesia.
Los cómplices del pretendido eclipsamiento de la iglesia se han valido, por un lado, de la confusión que genera toda división. Nuestra mente, dividida al tener que decidir entre dos grupos separados que llaman a seguirlos, se paraliza. Si a eso le sumamos la confusión que produce un contexto social, político y económico como el venezolano, entonces, termina colapsando y en ese estado se nubla el discernimiento, provocando, como en el experimento de Pavlov, un estupor que los hace manipulables.
Del otro lado, los divisores se aprovechan también de nuestra falta de formación sociopolítica con perspectiva biblicoteológica. Los cristianos evangélicos, en nuestra mayoría, desconocemos el tema político en toda su dimensión. No sabemos distinguir, de modo objetivo, los diferentes sistemas ideológicos que hacen vida en la política; menos conocemos los tipos de gobierno, las diferencias entre Estado, gobierno, ciudadanía, partidos políticos, la separación de los poderes, las diferencias entre derecha e izquierda y los principios bíblicos y teológicos que deben guiar nuestra participación en esta esfera entre otros conceptos.
Porque ignoramos ese mundo, los cristianos venezolanos hemos heredado de generación en generación esa ignorancia. No sólo eso, también la hemos “santificado” y racionalizado con declaraciones como “la política es del diablo” y “los cristianos no se meten en política”. Lo más triste es que los divisores están metidos de lleno y siguen metiéndose más profundamente en este sistema de gobierno cuestionado, pero los que esgrimen esas dos declaraciones anteriores no lo disciernen, por el contrario, muchos los apoyan o miran para otro lado como hicieron ante los desmanes represivos posteriores al 28 de julio de 2024.
La consecuencia de esa ignorancia es la carencia de criterios de juicio objetivo para saber desenvolvernos en el mundo político de nuestra nación, para saber leerlo, interpretarlo, influirlo y amonestarlo correcta y efectivamente. Por esta sencilla razón hoy unos consideran divisores y problemáticos a quienes defendemos la autonomía de la Iglesia Evangélica ante el gobierno y la política, pero llaman unificadores a los que buscan socavarla.
Un pueblo cristiano sincero bajo un ambiente revuelto por esas dos corrientes, la confusión y la ignorancia, ha llevado a que un buen número termine eligiendo al que se muestre más, al que hable más bonito y al que aparente estar al frente de una conquista divina que promete traer muchos “beneficios” al reino de Dios. En esto, los divisores, llevan la de ganar, pues, tienen todos los micrófonos que les ofrece el “manto rojo” que los cobija y no sufren la autocensura porque su discurso nunca pisará la manguera de quienes los respaldan.
Bajo la sombra del poder han logrado sumar a sus planes con engaño a hermanos sinceros que no disciernen la estratagema. El estupor les impide ver el intento de convertir a la santa Iglesia Evangélica de Cristo en una simple lámpara decorativa, una luz eclipsada en el altar del culto al poder impositivo.
Es cierto, entonces, que en medio de esta lucha hay un pueblo genuino e inocente que ha sido asaltado por quienes no han entrado por la puerta del redil evangélico venezolano de Cristo. ¡No han venido en nombre de nuestro Pastor Eterno! El llamado a los que NO hemos escuchado las voces extrañas que pretenden imitar la de nuestro único Pastor es claro: debemos orar por los que han sido engañados. Roguemos que el Padre de las luces haga que lo oculto salga a la luz y alumbre los ojos de su entendimiento para que comprendan la primacía del Señor sobre nosotros su iglesia y rechacen a los que intentan desvincularnos de ella.
Desde mi púlpito sin pretensiones hago un sencillo llamado al liderazgo cristiano evangélico venezolano no comprometido políticamente: sean la voz del que ya no clama en el desierto, sino en el camino hacia los verdes pastos de la Nueva Venezuela, el Príncipe de los pastores. Entiendo que el costo de no ser políticamente correctos en estos momentos puede ser muy alto. Les recuerdo a Ester: ¿Y si para esta hora los puso Él donde están? Los animo a hacerlo con el denuedo de nuestros antepasados y la herencia de firmeza que nos ha legado la iglesia histórica a la que representamos en esta época.
Consiervos, el Príncipe de los Pastores de seguro ha emitido su voz para guiar a las ovejas en este valle sombrío y es deber nuestro identificarla, discernirla y replicarla a toda su grey en esta nación. Con ella sacaremos de la confusión a muchos dirigiéndolos en este esfuerzo por contender no sólo por la fe una vez dada a los santos, sino también hoy, por la unidad del Espíritu. Una unidad que, mientras cumplimos nuestra misión en la República, promete convencer al mundo del señorío de Cristo como su Salvador (Juan 17:20, 21).
En la tercera y última carta analizaré cómo está compuesta y representada la Iglesia Cristiana Evangélica venezolana, puntualizaré las garantías constitucionales que protegen la autonomía de cada congregación local, organización denominacional y gremial. Finalizaré hablando sobre cuál debería ser nuestra posición como Iglesia y como miembro ante toda pretensión de subyugar la iglesia a una autoridad única terrenal.
Nos vemos en la última publicación de esta serie.
Giovani Pelayo
Pastor y maestro
Facebook: Giovani Pelayo


