No hay prácticas religiosa ni rituales que limpien el corazón del hombre; necesitamos que Dios lo transforme. Que Cristo lo lave con su sangre preciosa, es la única manera
Mateo 15:19 “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”.
Lo que contamina al hombre está en el corazón del mismo hombre. Por tal razón debemos cuidar muy bien nuestro corazón. Ya que podemos ser un foco de contagio mortal.
Si en su corazón hay: malos pensamientos, homicidio, adulterio, fornicación, hurto, falsos testimonios, blasfemias, etc., etc.”; entonces usted es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede explotar y contaminar a muchas personas.
Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Cuenta el Sr. Marvin Williams que: “Una misión de rescate apodada «Operación Arca de Noé» puede sonar divertida para los amantes de los animales, pero fue una pesadilla para la Sociedad de Prevención de la Crueldad Animal en Nassau. Después de recibir quejas de los vecinos por el ruido, escándalo y el mal olor que salía de una vivienda, los colaboradores entraron y encontraron (y luego sacaron), más de 400 animales en condiciones de abandono”.
Pueda ser que nosotros no tengamos cientos de animales en esas condiciones, pero Jesús dijo que podríamos albergar en nuestro corazón pensamientos y acciones malvadas y pecaminosas, que debían ser expuestas y sacadas. Porque de lo contrario correríamos el riesgos de ser agentes contaminantes de ese veneno que mancha y mata el alma.
Jesús les enseñó a sus discípulos que lo que contamina al hombre no son las manos sucias ni «lo que entra en la boca», sino un corazón malvado (Mateo 15:17-19). El mal olor de nuestro corazón brotará tarde o temprano. Después nos dio ejemplos de los malos pensamientos que «del corazón salen» (v. 19). No hay prácticas religiosa ni rituales que limpien el corazón del hombre; necesitamos que Dios lo transforme.
Que Cristo lo lave con su sangre preciosa, es la única manera.
Debemos poner en práctica en nuestra vida la ética de Jesús dejándole que Él entre a la suciedad de nuestro corazón y dejarle que remueva lo que apesta. A medida que Cristo revele lo que sale de allí, nos ayudará a que nuestras palabras y acciones se adecúen a sus deseos, y el aroma de nuestra vida le agradará.
Oremos así:
“Dios Amado, solo tú puedes remover la maldad de mi corazón”.
Que tengas un hermoso y bendecido día.


