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El mover de la mano de Dios, Julio Almedo

En la Porción bíblica, Lucas 17:11-19 [RV60], “Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, ¡Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes.  Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. Muestra cómo el Señor sana a 10 leprosos, destacando que eran extranjeros de las localidades de Samaria y Galilea.
Al llegar Jesús a dichos lugares, los 10 leprosos le salen al encuentro y le buscan, pero lo más resaltante es que se “pararon lejos”. Esto sería por señal de respeto hacia el Señor, para no contagiarlo, lo cual es algo absurdo, porque si vamos al médico para ser examinados, no le diremos al doctor que nos atienda desde la puerta del consultorio. Ya Jesús conoce todo, antes de que suceda y sabe que estos hombres son rechazados por su horrible padecer.
Tanto es el punto de desesperación que en el versículo 13 exclaman “Jesús ten misericordia de nosotros”. Muchos hemos pasados por grandes aflicciones en nuestras vidas, hemos buscado muchas salidas a los problemas, hasta sentir ser menospreciados y llegar a gritar “ayuda Señor”. Busquemos a Jesús confiados, Él es la fuente que emana vida (Apocalipsis 21:6).
Se nos muestra luego en el versículo 14 como Jesús les indica a los 10 leprosos “vayan y preséntense a los sacerdotes”; vemos que no los envía a bañarse con ningún medicamento, ni en ningún estanque. Ellos obedientemente van, sin preguntar, cuestionar o argumentar nada, esta acción mueve la mano de Dios. Sus pensamientos son más altos que los nuestros, solo debemos obedecer con fe que recibiremos. Y es así como ellos, “mientras iban fueron limpiados y sanados”.
Ahora bien, al recibir el milagro de sanidad solo uno de ellos regresó al Señor, lo glorificó, lo exaltó y dio gracias. Muchos en el mundo reciben sanidades sobrenaturales, y algunos solo dan gracias, sin alabar su nombre ni dar testimonio de lo que Dios ha hecho en su vida.
El Señor sabía que solo uno regresaría. Dios mueve su mano, aunque sea por uno que sea agradecido, le alabe, glorifique y exalte su nombre, Así que, si estás pasando por un momento de tribulación, incluso un familiar agonizando, clama al Señor, con fe de que recibirás. La palabra nos enseña en Juan 14:14, “Haré lo que me pidan en mi nombre”. Antes de ver ese milagro hecho realidad en tu vida: Alaba, glorifica y exalta al Señor. Dios puede permitir un momento de angustia pasajera, pero será solo para tener un encuentro especial con Él, y así manifestarnos “tu fe te ha sanado”.
Damos gracias al Señor, por abrir las puertas de las bendiciones para todo aquel que le busca obedientemente con fe. Dios te bendiga y te guarde, en el nombre de Jesús, amén.

Julio Almedo
Informático

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