Al igual que el pecado de Acán afectó a todo el pueblo, y causó su derrota ante un ejército insignificante, también los pecados ocultos, irreverencias, doctrinas erradas, traen derrota a la iglesia
“Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca” (Apocalipsis 2:16).
El Señor Jesús está hablando con la iglesia de Pérgamo, la está exhortando porque tiene allí los que retienen la doctrina de Balaam, también a los que tienen la doctrina de los nicolaítas, dos falsas doctrinas que Dios aborrece.
La de Balaam es hacer mercadería de la iglesia, sacan dinero y beneficios de diversas maneras, introduciendo mundanalidad.
Los nicolaítas, son los que se hacen dueños de la iglesia, tienen control de todo, y nadie enseña o está en la alabanza, a menos que forme parte del grupo que gobierna.
Ahora bien, la parte que quiero resaltar es el hecho de que, el Señor le está hablando a la parte de la iglesia que está bien, y le dice a los que están bien: “Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”.
¿Cómo arrepentirse por el pecado de otros? Si los que están bien no se arrepienten, el Señor peleará contra los balaanes y con los nicolaítas. Esto es, ponerse en la brecha por los que están descarrilados, por los que están en malos caminos, y pedir perdón y misericordia para que “lo cojo no salga del camino”. El asunto es que el pecado de esas personas está afectando espiritualmente al resto de la iglesia, y está frenando su crecimiento y el desarrollo.
Al igual que el pecado de Acán afectó a todo el pueblo, y causó su derrota ante un ejército insignificante, también los pecados ocultos, irreverencias, doctrinas erradas, traen derrota a la iglesia. No se puede estar indiferentes ante los pecados del pueblo, los que tienen ojos y oídos de Dios, deben interceder por todo aquello que no está bien. También los líderes deben exhortar, directamente a cada infractor. De no hacerlo, es como que estuviéramos participando en pecados ajenos, y esa en realidad no es la manera de amarnos los unos a los otros.
¡Dios te bendiga!!!


