¿Es irreverente llamar sencillamente hermano o hermana a los y las ministros del Señor?, Carlos Sánchez

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No debe incomodarse ningún ministro si algún otro miembro de la iglesia le llama, saluda o se refiere a él en amor sencillamente como hermano o hermana

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De ninguna manera. Es pues esa nuestra principal condición delante de aquel a quien tenemos por Padre. Somos hermanos.
Es claro que las asignaciones ministeriales, no son cargos reverenciales o jefaturas eclesiásticas. Por el contrario, a diferencia de las costumbres protocolares del mundo, los ministros somos siervos y siervas del Señor Jesucristo.
No es que se desconozca o se tenga en poco la asignación ministerial; por supuesto que no. El primero en reconocerse como ministro del santuario de Dios, es la persona misma a quien Jehová, escogió y ha ungido públicamente para que le sirva. “Le sirva”, léase bien; no para que mande o dé órdenes a capricho. ¿O es que alguno pretende decapitar al Señor Jesucristo, Sumo Sacerdote de su Iglesia para ocupar su lugar?
Quien tiene total autoridad en la Santa Iglesia es el Unigénito Hijo de Dios. Y a Él todos debemos obediencia.
Llamar pastor, maestro o apóstol a un funcionario eclesial, es reconocer su identidad ministerial. En eso el ministro o ministra reafirma su llamado, en virtud de lo cual, con humilde proceder, debe dar frutos que cuenten para vida eterna. Es pues honroso tal reconocimiento. Pero no debe incomodarse ningún ministro si algún otro miembro de la iglesia le llama, saluda o se refiere a él en amor sencillamente como hermano o hermana. Ningún ministro debe depender de tales salutaciones reverenciales para saber quién se es delante del Padre.
El Señor mismo llamó “amigos” a sus colaboradores más cercanos.
“Ya no les llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; ahora les llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre” (Juan 15:5).
¡Qué tremendo alcanzar ese nivel de proximidad y confianza con el Salvador del mundo! Aleluya.
Pues amados, hacia esa estatura espiritual debemos avanzar todos los redimidos de la cruz. No es poca cosa ser amigos entre nosotros, al tiempo que igual se es amigo del Señor.
Si en el camino, alguno o alguna es tomado para ser ministro: pastor, maestro, apóstol, evangelista o profeta; pues entonces el tal dé gloria a Dios por el honroso ministerio que se le ha confiado, pero nunca se crea mayor que sus hermanos. Pues si alguno quiere hacerse grande, ya sabe qué hacer.
¿Llama alguno al santo apóstol Pablo o Reverendo apóstol Pablo? ¡No! La mayoría nos referimos a él solo y llanamente como “Pablo”. Pocas veces lo citamos como el apóstol Pablo. ¿Deja de ser el hermano Pablo el santo apóstol porque alguno lo llame por el nombre que Dios mismo le dio?
¿Cómo terminan las oraciones de los fieles al cierre de sus peticiones y alabanzas? ¿Acaso no decimos casi todos en el nombre de “Jesús”?
Llamamos al Maestro por su nombre mis estimados consiervos. No cerramos nuestras plegarias diciendo regularmente “en el nombre del Señor Jesucristo, Sumo Sacerdote de la Iglesia”. No necesitamos decírselo, Él sabe que lo es, y usted también lo sabe. Y sabe igual qué tanto le amamos.
De manera que amados hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo, no nos fatiguemos en querer re-escribir la Biblia con tanta superficialidad protocolar. Eso es más del mundo que del Reino de Dios. Tengamos paz y sana convivencia congregacional. No olvidemos que delante de Dios estamos todos; especialmente los ministros escogidos.
Sea nuestro bueno y paciente Dios, bendiciendo a su iglesia. Maranatha…
Abrazos, amadas y amados del Señor.

Carlos Sánchez
Periodista

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