Esta gloria no es algo que podamos alcanzar por nuestros propios medios, sino que es un don que viene del Padre a través de Cristo
La iglesia gloriosa es un concepto que ha sido buscado por muchos a lo largo de la historia. Algunos han intentado alcanzarla a través de esfuerzos religiosos, mientras que otros han intentado construirla con su propia parafernalia humana y financiera. Sin embargo, la verdadera gloria de la Iglesia no se encuentra en estos intentos humanos, sino en la unión con Cristo y con nuestros hermanos.
La escritura dice: “Les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno” (Juan 17:22).
Esta es la clave para entender la Iglesia gloriosa. No es una cuestión de números o de edificios, sino de la unidad y la armonía entre los miembros del cuerpo de Cristo.
La búsqueda de la gloria a través de esfuerzos religiosos puede llevar a la confusión y la división. Hay muchos grupos que han intentado construir su propia versión de la Iglesia gloriosa, pero han terminado en la confusión y la desunión. De la misma manera, los proyectos humanos y financieros pueden parecer impresionantes al principio, pero al final terminan en la nada.
Sin embargo, Dios nos ofrece una oportunidad diferente. Nos ofrece ver su gloria, morar en ella y manifestarla al mundo. Esta gloria no es algo que podamos alcanzar por nuestros propios medios, sino que es un don que viene del Padre a través de Cristo. Y sólo podemos experimentarla cuando estamos unidos a Él y a nuestros hermanos.
La división es el enemigo de la gloria de la Iglesia. Cuando estamos divididos, no podemos ver la gloria de Dios en su plenitud. Sólo cuando nos rendimos a su propósito y renunciamos a nuestro orgullo, podemos experimentar la bendita grandeza de Dios manifestada a los perdidos.
La Iglesia es efectiva en la gran comisión sólo cuando está en la presencia de Dios. Sólo cuando se enfoca en la gloria de Dios y no en la suya propia, puede cumplir su misión de manera efectiva. Y esta es la clave para ser una Iglesia gloriosa en un mundo que necesita urgentemente un avivamiento que transforme ciudades.
En conclusión, la Iglesia gloriosa es un plan perfecto de Dios para nosotros. No se trata de esfuerzos humanos o parafernalia financiera, sino de la unión con Cristo y con nuestros hermanos. Sólo cuando nos rendimos a su propósito y renunciamos a nuestro orgullo, podemos experimentar la gloria de Dios en su plenitud. Y sólo en su presencia, la Iglesia es efectiva en la gran comisión. Vayamos y tomemos nuestras ciudades; seamos una Iglesia gloriosa en un mundo que necesita urgentemente un avivamiento que transforme ciudades.
“La gloria de Dios está disponible para ti en la iglesia de una manera que no está disponible en ningún otro lugar”.- Tim Keller
Víctor Galicia
Evangelista




