Home / Opinion / Ricos para con Dios, Otoniel Font

Ricos para con Dios, Otoniel Font

Uno de los mayores problemas en cuanto a lo económico es que la mayoría de nuestras decisiones financieras son gobernadas por nuestras emociones

Para Dios, rico no es el que tiene, sino el que es rico para con Él / Freepik

A través de toda la Biblia, si hay algo que Dios dice es que tú debes ser quien preste y no tomes prestado.  Eso toma tiempo, disciplina, cambiar tu manera de pensar; pero eso es a lo que tú debes llegar. Si Dios te dijo que te va a dar un negocio, Él te lo va a dar, así que no tienes que estar pendiente a ningún socio, pero sí tienes que hacer ajustes, sacrificios.
No es pecado tener deudas, pero mientras más entrado en edad estés, menos deudas debes tener. ¿Cuántos de tus sueños tú no alcanzas por las deudas que tienes? Muchos van a trabajos donde se sienten miserables, simplemente porque tienen una deuda por pagar. Quisieras hacer otras cosas con tu vida, ir a viajes misioneros, por ejemplo, pero tu trabajo no te lo permite, y tienes que mantenerte en tu trabajo por las deudas que tienes. Llega un punto en que tu propósito no es gobernado por Dios, sino por las deudas que has asumido a través de los tiempos y que no has eliminado correctamente. Si las vas a tomar, tienes que saberlo hacer, tienes que saber no depender de ellas y saber vivir sin ellas.
Para Dios, tu reporte de crédito es irrelevante.  Dios quiere que tú tengas ahorros e inversiones para el futuro, para que llegues al nivel de bendecir a otros. Muchas veces, bendecimos no porque podamos, sino para satisfacción emocional. Pero en el orden divino, Dios quiere que tú tengas sobreabundancia, y es cuando la tienes que puedes ayudar a los demás. Imagina el día que tengas tu casa saldada, tu carro saldado; que en vez de vender un carro para comprar otro, puedas regalárselo a alguien.  Tú puedes llegar un día a ese nivel.
Todo esto se nos dificulta porque se nos ha adoctrinado a pensar que nada de esto es real o posible, que lo de Dios no es importante, que es lo último, lo que te sobra, cuando en realidad lo de Dios tiene que ser siempre lo primero.
Uno de los mayores problemas en cuanto a lo económico es que la mayoría de nuestras decisiones financieras son gobernadas por nuestras emociones. No es malo tener tarjetas de crédito. Hay quienes las cortarían, pero en vez de eso, ponla en un bloque de hielo. ¿Por qué? La tarjeta de crédito es importante usarla, es necesario tenerla, pero tú tienes que tener control sobre ella. Con eso de ponerla en un bloque de hielo, me refiero a que, cuando la vayas a usar, debe darte tiempo a pensar si realmente quieres o no usarla. Es a modo de ilustración. ¿Qué vas a pagar con la tarjeta? ¿Un pedazo de bistec que en cuestión de horas vas a procesar y vas a estar un buen tiempo pagándolo? Es irracional.
En un matrimonio, por ejemplo, pudieran poner reglas de gastos de acuerdo a la cantidad. Si alguno va a gastar algo ínfimo, no tiene que preguntarle al otro. Si la cantidad es un tanto más significativa, entonces sí debe hacerlo. Y si la cantidad fuese sustancial, deben esperar varios días antes de decidir. Esas reglas te hacen manejar tus emociones, que es el peor problema que enfrentas cuando tomas decisiones económicas. Si se pierde la oportunidad o la oferta por esperar unos días, que se pierda. Evita caer en un error emocional por la prisa.
Hay acciones prácticas que tú puedes tomar para mejorar en tus finanzas.  Lo primero es que tengas claro el concepto de lo que es riqueza, y lo que es ser rico para Dios.
“Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:24-27).
Si los discípulos se preocuparon y preguntaron quién podría ser salvo entonces, es porque ellos eran ricos. Pero en el siguiente capítulo, vemos la historia de Zaqueo, un hombre rico del cual Jesús dice: Hoy ha llegado la salvación a esta casa.  Así que, es posible que un rico se salve; la pregunta es cuál de los dos ricos tú eres, el del capítulo 18 o el del 19. Lo que hace difícil que un rico entre en el reino de los cielos no tiene que ver con su salvación, sino con la manera en que vive su vida naturalmente. Y es que como siempre lo has hecho a tu forma y has tenido buenos resultados, ahora entrar en el sistema de Dios y cómo Él quiere que tú hagas las cosas, se te hace complicado porque no te hace sentido.  Pero esto no es por sentido, sino por fe y confianza.
Entrar en esto no es fácil; la pregunta es si estás dispuesto a que Dios haga lo imposible. Porque habemos quienes no siempre nos ha salido todo fácil, pero creyéndole a Dios por generaciones hemos llegado a tener lo que tenemos. Nuestra confianza no está en lo que podemos alcanzar por nuestra cuenta, sino con toda la fe que Dios nos ha dado.
“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:15-21).
Imagina llegar al punto que tengas tanto fruto que no tengas donde guardarlo. Eso no está mal; hacer graneros más grandes no está mal, tener cuentas de banco más grandes no está mal. El problema es que le digas a tu alma: Muchos bienes tienes guardados para muchos años; repóstate, come, bebe, regocíjate. El problema es decirle a tu alma que esté tranquila porque tienes para el retiro, que no tiene que hacer más nada. El problema es cuando lo que te da reposo es lo que tienes en el banco, y no el Dios que te lo dio.
Tu alma no debe depender de los bienes que tienes, sino del Dios al que le sirves. Con o sin dinero, puedes acostarte tranquilo, sabiendo que en paz te acostarás y así mismo dormirás porque solo Jehová te hace vivir confiado. Tengas dinero o no, mañana Dios va a proveer, algo Él va a hacer.  Puedes dormir tranquilo.  El problema es cuando tus riquezas están en el mundo y no con Dios.  Para Dios, rico no es el que tiene, sino el que es rico para con Él.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

About Verdad y Vida

Check Also

Padre perfecto, Teófilo Segovia Salazar

Jamás olvidemos que por encima de nuestros errores tenemos un padre perfecto con carácter firme …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *