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¡Un nuevo año, un nuevo tiempo!

No es voluntad de Dios que te desgastes persiguiendo sueños, sino que con sus fuerzas y su gracia alcances sus planes, disfrutando del proceso y de la vida que te ha dado

Al iniciar un nuevo año, muchos de nosotros hacemos una lista de metas y deseos a alcanzar. Algunas son nuevas, otras repetidas, y hay aquellas que aún no hemos logrado. Sin embargo, es cierto que la mejor forma de empezar una nueva etapa es en la presencia de Dios.
Jesús nos enseñó que tenemos un Padre eterno, el creador del cielo y la tierra, el mismo Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha adoptado en Él. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:3-5, RV60). Muchos hemos sido emprendedores desde cero, esforzándonos al máximo para alcanzar nuestras metas y sueños. He observado cómo algunas personas, al lograr sus objetivos, se dan cuenta de que no estaban alineados con la voluntad de Dios, llevándolos a desistir y enfrentar pérdidas de tiempo y recursos. En contraste, otros, cuyos sueños estaban alineados con la voluntad divina, los han disfrutado en paz. “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá” (Proverbios 19:21, RV60).
Dios nos otorga el poder y el privilegio de soñar, pero la Biblia nos advierte que no todos los caminos que parecen buenos son realmente beneficiosos o conducen a la vida. “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12, RV60). En cambio, los planes de nuestro Dios y Padre Eterno siempre serán mejores, más buenos y gloriosos que los nuestros. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9, RV60).
Por eso, te invito a poner toda tu confianza en Jesús y buscar con su Espíritu Santo un encuentro con nuestro Padre celestial, con la convicción de que Él te escuchará y responderá, como promete su Palabra. “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré. Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:12-13, RV60). Ve a tu lugar privado, donde puedas estar a solas con Él sin distracciones. Habla con tu Padre, que te ve en secreto, y Él, que te ve en lo secreto, desea bendecirte y guiarte, mostrándote sus planes, que son más grandes y maravillosos que los nuestros. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6, RV60).
No temas llevar tus planes, metas o sueños a tu Padre Eterno. Dios es quien inspira tanto el querer como el hacer bajo su buena y perfecta voluntad. “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13, RV60). Él desea revelarte sus planes y darte la fuerza para alcanzarlos con su gracia.
No es voluntad de Dios que te desgastes persiguiendo sueños, sino que con sus fuerzas y su gracia alcances sus planes, disfrutando del proceso y de la vida que te ha dado. Aunque haya luchas y batallas, no es su plan que te consumas en hacer su voluntad. Al contrario, Él desea ayudarte con su fuerza y poder. “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31, RV60).
Recuerda que nuestro Padre Eterno es el creador y dueño del universo, Todopoderoso. Como hijos de un Padre tan poderoso, Él desea que con sus recursos y poder alcancemos los sueños que ha puesto en nuestro corazón. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32, RV60). Por tanto, ¿por qué perseguir nuestros propios sueños si Dios tiene planes mejores y más gloriosos? La invitación es a buscar diariamente la presencia de Dios para pasar tiempo de calidad con quien da tus sueños y tiene el poder de ayudarte a alcanzarlos.
Busca cada día la dirección y el consejo de nuestro Padre. Que el Espíritu Santo te guíe de la mano para alcanzar los sueños de Dios Padre para tu vida y los tuyos.

Dr. Manuel M. Noriega
Apóstol

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