No importa cuán grande y horrible sea tu pecado, Dios es más grande, Él te ama. Renuncie a su pecado, pídale a Dios que le perdone, usted puede reconciliarse con Dios hoy mismo
Gota: “SEÑOR, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:3-4).
El salmista se conforta en el resplandor del perdón infinito de Dios. … en ti hay perdón. Recuerda sin duda unas palabras de confirmación como las de Éxodo 34:6,7. … para que seas reverenciado. Honrado, adorado, objeto de confianza y servido como Dios único y verdadero. Si Dios no estuviera dispuesto a perdonar, los humanos sólo podrían huir de Él con terror.
Uno de los hombres fuertes y poderos del Antiguo Testamento fue Sansón, pero también es cierto que no ha habido uno tan fracasado como él. El pecado en la vida de este hombre le produjo consecuencias muy tristes. En primer lugar, su pecado lo llevó más lejos de lo que él quería ir; en segundo lugar, el pecado le obligó a quedarse más tiempo del que él quería quedarse y por último el pecado le costó más de lo que él podía pagar. Debo reconocer también que, en su arrepentimiento, Sansón pensó en el gran amor de Dios y que Él está siempre en disposición para personar.
Valor: Es probable que en tú vida hoy hay algún pecado al que no quieres renunciar, no dejes que ese pecado produzca en ti las consecuencias que produjo en la vida de Sansón. No importa cuán grande y horrible sea ese pecado, Dios es más grande, Él le ama. Renuncie a su pecado, pídale a Dios que le perdone, usted puede reconciliarse con Dios hoy mismo. Hágalo.
Dios le bendiga.
Ramón Tovar
Pastor y columnista
tramon63@gmail.com


