martes, junio 9, 2026
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Domar la lengua

Domar la lengua no se trata sólo de entrenarnos para decir lo correcto. Es aceptar la guía del Espíritu Santo para que nuestras palabras transmitan bondad, vida y aliento a un mundo necesitado

Santiago 3:8, “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”.
Según el Diccionario de la Real Academia Española dice que uno de los significados de Domar es: “Sujetar, amansar y hacer dócil al animal a fuerza de ejercicio y enseñanza”.
Este significado me parece muy interesante ya que con la ayuda del Espíritu Santo y sujetando nuestra lengua a Él. Lograremos amansar y domesticar nuestra lengua.
Tuve el privilegio de crecer en una región donde se cría y domestica al ganado. Y muchas veces viví la experiencia de ver cómo domaban a los potros salvaje a través de ejercicios. Y de verdad que era un proceso que a veces duraba días.
Cuando el potro nunca lo habían montado, con otro caballo un llanero lo enlazaba y lo llevaba a las fuerzas para meterlo en una laguna. Allí le ponían en la boca los frenos. Luego una manta en sus lomos para que se fuera acostumbrado a la silla que días después le pondrían. El llanero que lo iba a domar lo montaba aún amarrado al otro caballo y este cuando sentía a alguien sobre sus lomos comenzaba la Gran batalla entre el hombre y la bestia. Este momento era emocionante y de tensión ya que el potro se resistía dando saltos y brincos dentro del agua. Tirando patadas y hasta mordiscos a veces.
Muchas veces lanzaba al jinete al agua. Pero el jinete nuevamente se montaba y continuaba la batalla. Esto en ocasiones duraba días. Hasta que el potro salvaje aceptaba al jinete en sus lomos. Luego lo amarraban a un botalón. Que es un trozo de madera grueso y de unos 3 metros de largo. Que está enterrado normalmente en el centro de un corral.
Allí era amarrado y le hacían el mismo proceso que le hacían dentro de la laguna. Y además le colocaban la silla de montar. Si aún continuaba indomable. El proceso continuaba por días. Allí seguía el llanero montándolo y en ocasiones le castigan con vara si lo requería. Después de varios días en esa situación de ejercicios extremos ya el animal bajaba la intensidad y entonces el jinete un día lo montaba y soltaba del botalón para dar una vuelta con él dentro del corral. Se daba el caso que aún con todos esos días de ejercicios extremos, estos animales aún tenían el ánimo de dar pelea y resistencia al proceso de amansado.
Igualmente resulta el amansar y domesticar nuestra lengua. Y dígame de aquella que se jactaba en el mundo de ser viperina.
El proceso de ejercicios extremos al cual el Espíritu Santo la somete es más fuerte.
El freno de un caballo, el timón de un barco, como la lengua humana, es pequeño en tamaño, pero importante. Las tres tienen gran poder de influencia sobre algo grande y poderoso: el freno, en el caballo; el timón dirige el barco y lo hace navegable. Y la lengua, en nuestras palabras dan vida o muerte (Santiago 3:3,5).
Nuestras palabras pueden correr en diferentes direcciones: «Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres» (v. 9). Por desgracia, la Biblia nos advierte que es muy difícil controlar lo que hablamos porque las palabras brotan de nuestro corazón (Lucas 6:45). Pero gracias a Dios, el Espíritu Santo, que mora en todo creyente, nos ayuda a desarrollar paciencia, bondad y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Cuando cooperamos con el Espíritu Santo, nuestro corazón cambia: los insultos se convierten en alabanza; la mentira, en verdad; la crítica, en ánimo.
Domar la lengua no se trata sólo de entrenarnos para decir lo correcto. Es aceptar la guía del Espíritu Santo para que nuestras palabras transmitan bondad, vida y aliento a un mundo necesitado.

Oremos así:
Amado Dios, cambia mi corazón y soma mi lengua. Amén y amén.
Que tengas un excelente y bendecido día.

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Julio Reyes
Julio Reyes
Pastor de la iglesia Lluvia de Bendiciones, locutor, maestro. Nacido en Tucupita, estado Delta Amacuro, actualmente vive en la isla de Margarita, Venezuela.
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