La infidelidad es el incumplimiento del compromiso de fidelidad, es romper de forma consciente un acuerdo afectivo
Jeremías 2:13 (RVR 1960): “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”.
La infidelidad es el incumplimiento del compromiso de fidelidad, es romper de forma consciente un acuerdo afectivo. Es doloroso y muy dañino para las personas, para la familia y para la sociedad.
Una de las cualidades por la cuales identificamos a nuestro Dios es que Él es fiel. Su fidelidad es eterna. Y esta cualidad la deben tener sus hijos. Entonces como hijos de Dios debemos ser fieles a Él.
Hay matrimonios que empiezan con gran ánimo, amor y expectativas, sin embargo, al cabo de un tiempo después todo esto se va desvaneciendo cuando la infidelidad ingresa a su relación.
Las parejas que han experimentado esta traumática situación, al comienzo se sienten denigrados, desvalorizados. Incluso llegan a pensar que es culpa de ellas mismas, lo cual no es cierto, porque no hay excusa para la traición.
Así como a cada uno de nosotros nos duele que nos traicionen y nos sean infieles, también para Dios es doloroso que nos vayamos tras otros dioses. (Lea 2ª Corintios 11:2-3. RVR 1960).
No estamos exentos de extraviarnos y serle infieles a Dios. Por tal razón, es necesario cuidar nuestro corazón y nuestra mente de todo lo que le roba el primer lugar a Dios en nuestra vida.
Con nuestra vida reflejamos a quién le somos fieles. Es así que, si renovamos nuestro compromiso y alimentamos el amor hacia Dios, nos mantendremos fieles.
Si crees que te has apartado de Dios y que no forma parte importante de tu vida, aun estás a tiempo; puedes regresar a Él, sólo tienes que acercarte nuevamente y reiniciar una relación. Él no te reprochará nada ni te rechazará, al contrario, te espera con los brazos abiertos.
No dudes más y haz un compromiso de fidelidad con tu esposo(a), tu familia y sobre todo con Dios.
Que tengan un hermoso y bendecido día.




