Los que hacen la diferencia son los que crucificaron sus gigantes del carácter, sus razonamientos más íntimos que bloquean el fluir de Dios en sus vidas
Manuel amaba a Jesús, pero vivía encadenado.
El día que su pastor lo llamó a predicar, Manuel salió con fuego… pero se apagó al doblar la esquina.
¿Qué lo detuvo? No fue la gente, ni el diablo. Fue él mismo.
Sus inseguridades, sus sentimientos, su orgullo, la altivez al no querer verse vulnerable y las heridas del pasado que usaba como escudo.
Pasó años buscando culpables: “No predico porque me hirieron”, “no fui fiel porque no me valoran”. Mientras tanto, el tiempo corría y su propósito se empolvaba en el tiempo de la herida no sanada y el miedo a curarla.
La diferencia entre un líder que se queda en el camino y uno que trasciende es esta:
El líder estancado: Teme desnudar sus debilidades, sus impresiones, no quiere que toquen esas áreas que lo estancan, esas áreas de dolor que lo marcaron.
El líder de verdad: Aunque esté roto, permite que el amor de Jesús “autoflagele” su ego. Prefiere morir a su orgullo y a su sentimentalismo para que Cristo viva en él.
Si quieres que este sea el año de tu libertad, debes soltar la maleta del sentimentalismo ¡Es hora de rendirse!
Efesios 4:22-24: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.
Aceptar la gracia de Dios es deshacer la desgracia del carácter humano lleno de brechas y heridas como excusas para no ser un verdadero líder que lleva su propósito muy a costa de un corazón roto.
2ª Corintios 12:9: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Al contrario de los que entregan un roto corazón a Jesús, Manuel no quería que el Alfarero metiera su mano en ese corazón lastimado que lo llevaba a frenar toda la gloria que Dios tenía para él.
La palabra lo confrontaba día a día
Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.
No llegues al final del 2026 siendo el mismo Manuel que busca culpables. Te aseguro como un pastor que también lleva un corazón roto, !que nada nuevo sucederá si no llevas tu cruz y caminas con los rotos, pero caminas!
Deja que Jesús rompa tu vasija de barro para que Su luz brille a través de las grietas.
Los años van y vienen, y Manuel lo sabía, los que hacen la diferencia son los que crucificaron sus gigantes del carácter, sus razonamientos más íntimos que bloquean el fluir de Dios en sus vidas.
¡Esto si hace la diferencia, un año nuevo y una vida nueva nunca llega con el mismo carácter!, ni con un cambio de calendario llega con la valentía de doblegar el monstruo del carácter y la inmadurez.
Que este 2026 sea con un hombre nuevo de verdad, limpio, moldeable, sujeto, sentimentalmente estable según la Palabra de Dios, así es posible hacer en nuestras vidas lo imposible.
Rafael Rojas
Pastor
Iglesia Jesucristo Restaurador. Venezuela



