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El miedo más profundo del ser humano, Miguel Ángel León R.

Su miedo más profundo es ser y sentirse poderoso y sin límites. Es la luz y no la oscuridad la que los asusta

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Muy contrario a lo que se piensa; el miedo más profundo del ser humano no es ser o sentirse inadecuado. Su miedo más profundo es ser y sentirse poderoso y sin límites.
Es la luz y no la oscuridad la que los asusta. Se preguntan: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y extraordinario? Cuando en realidad debería preguntarse todo lo contrario: ¿Quién soy yo para no serlo?
Eres hijo del creador de todo lo que existe, eres hijo de la grandeza, la excelencia y la magnificencia, saliste de su esencia portando su imagen y semejanza, ciertamente eres una expresión genuina de su luz aquí y ahora, justo en este momento.
Jugar a ser pequeño no le sirve al mundo, no hay nada iluminador en esconderte para que otros cerca de ti no se sientan inseguros.
¿Te imaginas al sol escondiéndose para evitar que el resplandor de su luz encandile a los que están en la tierra? Toda la vida en la tierra depende de que su luz brille en lo alto todo el tiempo.
Jesucristo dijo que la luz no debe esconderse, sino todo lo contrario; se debe colocar en un lugar alto, para que alumbre a todos los que están en casa, así alumbre vuestra luz a todos los hombres. Ustedes son la luz del mundo.
Nacemos para hacer manifiesta la gloria que está dentro de nosotros, para reflejar quienes somos en todo lo que pensamos, hablamos, sentimos, elegimos y hacemos. Y no solo algunos de nosotros, sino cada uno de nosotros.
Mientras reflejamos nuestra propia luz, despertamos a otros para que reflejen su propia luz.
Al librarnos de nuestro miedo a ser quien realmente somos, nuestra sola presencia luminosa libera a los demás de sus propios miedos.
Existes para brillar como un sol en la oscuridad de este mundo, no para ser admirado por tu luz, sino para beneficiar a todos con tu luz, no necesitas opacar la luz de otros para que la tuya se haga visible, todos tenemos suficiente espacio para brillar en favor de otros, recuerda, tu luz y la mía proceden de la fuente de luz original, somos uno con esa luz ahora y siempre.
La luz que hay en ti es el reflejo del amor del creador por su creación, mientras brilles desde el amor en vez del ego, tu luz será una bendición siempre, por tanto; brilla, brilla y brilla, no escondas tu luz jamás.

Miguel Ángel León R.
Apóstol, psicólogo y escritor

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