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El peligro del enojo, Charles F. Stanley

La ira que se guarda por mucho tiempo es una oportunidad para Satanás. Este planta con rapidez justificaciones en nuestra mente

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“Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre su enojo, ni den oportunidad al diablo” (Efesios 4:26-27).
Hoy descubriremos el principio de Dios para evitar el resentimiento prolongado.
Es importante entender que los creyentes podemos tener momentos de enojo y aún así seguir estando bien con Dios. Pero la ira que se guarda por mucho tiempo es una oportunidad para Satanás. Este planta con rapidez justificaciones en nuestra mente. Nos dice: Esa persona merece que le grites. ¡No debes ser tratado de esa manera! Dios te entiende. Al dar excusas a las personas para construir una defensa que les permita albergar su ira, el diablo crea una muralla en sus vidas. Son necios el hombre o la mujer que permite que la ira se anide en su corazón (Eclesiastés 7:9).
No debemos poner ni un solo ladrillo para esa fortaleza del enemigo de las almas. Más bien, los creyentes deben responder a la provocación perdonando a los demás como Dios perdona. Su misericordia es incondicional; no hay falta que Él no perdone. Los creyentes no pueden estar delante de Dios si justifican el albergar ira por largo tiempo. Por tanto, tenemos que dejarla ir por medio del perdón.
Podemos protegernos más aun si identificamos lo que nos irrita con frecuencia. Cuando esas situaciones (o personas) surjan, debemos pedirle a Dios que nos haga prontos para oír, tardos para hablar, lentos para la ira (Santiago 1:19). Ese es el fruto espiritual del dominio propio en acción.
La ira solo produce relaciones agrias, mal testimonio, etc. El creyente sabio hace dos cosas para enfrentarla. Primero, sigue las más de 300 amonestaciones que hay en la Biblia acerca de este peligroso sentimiento, y está alerta contra el mismo. Y, segundo, renuncia a su ira en favor del perdón.

Charles F. Stanley
Pastor, maestro y escritor

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