El diablo tiene su gente haciendo su trabajo, una de sus grandes artimañas es ofender, porque la ofensa arrastra a las almas al infierno
“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” (Marcos 11:25).
El diablo tiene su gente haciendo su trabajo, una de sus grandes artimañas es ofender, porque la ofensa arrastra a las almas al infierno. Porque la persona ofendida, cae en el lazo del diablo, pues empieza a guardar, en el mejor de los casos, resentimiento hacia quien le ofendió. Es como un gancho, un anzuelo, que toma a una persona y la arrastra, por causa del orgullo herido, hacia un abismo.
El ofendido piensa que tiene que perdonar, eso, si la persona viene a disculparse, mientras esto no ocurra se siente con el derecho de mantener el rencor. No hablo del ofensor, porque ése está en el lazo del diablo, es instrumento de las tinieblas para hacer el mal. Ahora bien, nuestro texto inicial nos explica que, no es necesario que nos vengan a pedir perdón para perdonar, dice: cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, o sea, estamos en la intimidad con Dios y recordamos la ofensa, es porque el Espíritu Santo, lo trajo a nuestra memoria. No es para que acusemos a la persona delante de Dios, como algunos hacen, es para que saquemos el resentimiento de nuestro corazón, para que perdonemos, y nos libremos de la trampa del diablo.
Es importante entender que, el perdón no libera al ofensor, ése seguirá con su pecado, camino al infierno si no se arrepiente, el perdón libera a quien perdona. Si no perdonamos no habrá vida espiritual, dice la Palabra: Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas (Marcos 11:26).
No dejes que el diablo te robe la comunión con Dios, y sus bendiciones, sé pronto a perdonar. Rechaza en tu vida todo espíritu de ofensa, es imposible ofender a alguien que no tenga orgullo, sé como tu Señor Jesús, manso y humilde de corazón.
¿OFENDISTE A TU PRÓJIMO?
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24).
El trato para el ofensor, es diferente que, para el ofendido, el ofendido puede en su “lugar secreto” orando, perdonar al que lo ofendió. Pero nuestro texto nos habla de que, si el ofensor, cuando trae una ofrenda al altar, se acuerda de que un hermano tiene algo contra él, no puede ofrecer su ofrenda en esa condición, sino que debe ir primero y arreglar la situación con su hermano.
Primero, tenemos que notar que el ofensor, muchas veces es insensible, y tiene que ser el Espíritu Santo quien le recuerda su pecado en el altar. Porque si su hermano tiene algo contra él, es porque de alguna manera hizo algo que hirió u ofendió a su hermano. Hay que aclarar que cuando hablamos de ofender, no se trata sólo de haber dado una mala respuesta o hablarle gritando, sino cualquier cosa en que haya defraudado a su prójimo, como haberle robado o mentido.
También vale decir que se incluye aquí, si la ofensa o falta fue contra un hermano en la fe o contra alguien fuera de la iglesia, Dios no hace acepción de personas, el Señor está interesado en sanar tanto a uno, como darle un buen testimonio al otro. Conozco de casos de hermanos en la fe, que han quebrado en su pequeño negocio, porque han dado crédito a hermanos que no pagan lo que deben, convirtiéndose en ladrones delante de Dios.
Poco se habla hoy en día sobre la restitución, que es parte fundamental del verdadero arrepentimiento, dice la Palabra: “Entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló” (Levítico 6:4). Esto significa que no es suficiente pedir perdón, hay que devolver lo robado, si fue una ofensa pública, debe pedir perdón también públicamente, es lo correcto delante de un Dios justo, como nuestro Señor Jesús.
¡Dios te bendiga!!!




