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Las persecuciones de los hijos de Dios, Otoniel Font

Jesús comienza hablando de la persecución por la justicia, y luego te lleva a la persecución ministerial. Todo creyente va a tener dos persecuciones en su vida; la personal y la ministerial

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Es bien interesante que, luego del Señor Jesucristo decir: bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios, ahora viene un cambio dramático dentro de las bienaventuranzas. Los próximos dos versos no pintan bonito. Viene diciendo cosas bonitas y positivas, pero luego te dice lo que les espera a los que son llamados hijos de Dios.
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10).
Ahora no es que te van a llamar hijo de Dios; ahora la recompensa de persecución por la justicia de Dios es que vas a vivir en el reino de los cielos.
“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:11-12).
Si vemos, nos damos cuenta que el Señor va escalando poco a poco en lo que un creyente va experimentando. Y la realidad es que se nos hace difícil en el tiempo de nosotros y en la sociedad que vivimos, el aceptar esta condición de servirle a Dios. Día tras día vemos a la iglesia tratando de acomodarse en la sociedad de manera tal que no causemos tantos disturbios porque no queremos ningún señalamiento, queremos que todo el mundo nos ame, que todo el mundo nos quiera, buscamos la manera de acondicionar, acomodar nuestro mensaje para no decir nada que ofenda a nadie.  Tratamos de aclarar y explicar los versos de tantas maneras y de forma simple y sencilla y aplicarlos para que la gente pueda recibir supuestamente el mensaje. Nadie quiere ser rechazado, recibir el odio, el coraje de una persona. Todos tenemos que saber que, como seres humanos, somos seres gregarios; por lo tanto, la aceptación de los demás, todos la deseamos de alguna u otra manera, aún quien no lo acepte. Todos buscamos ser aceptados. No queremos nada que impida que la sociedad nos reciba. Entonces, se hace complicado expresar nuestra cristiandad en un mundo donde la realidad es que nosotros ponemos presión en el mundo.
La realidad es que, cuando Jesús en las bienaventuranzas, dice que vamos a sufrir persecución, es por nuestra naturaleza como creyentes, como cristianos, como hijos de Dios; y esta persecución va a ir aumentando. Comienza hablando de la persecución por la justicia, y luego te lleva a la persecución ministerial. Todo creyente va a tener dos persecuciones en su vida; la personal y la ministerial.
Tú, como cristiano, tienes presión; vas a recibir esa presión como persona, como individuo. Pero el día que tú decides ser parte del liderato de la iglesia, la presión aumenta no tan solo porque en tu vida se te va a exigir más, sino que aquellos a los que tú vas a servirles también van a perseguirte. Es impresionante porque el verdadero creyente de por sí pone presión y el mundo lo persigue por la justicia de Dios porque decide vivir diferente; y el día que tú decides hacer una célula, servir como ujier, la presión comienza a aumentar, el señalamiento aumenta, ahora ya no eres tan bueno como antes, dejaste de ser amable porque necesitas corregir a alguien; comienza la presión a aumentar. Pero a ninguno debería llevarnos a desertar el llamado de Dios para nosotros como creyentes ni mucho menos el llamado que todos tenemos de servir en la casa de Dios, y de realmente provocar cambios en los que están bajo nuestra responsabilidad.
Es maravilloso cuando tú estás a cargo de un grupo y, por causa de la labor que estás haciendo, llega ese momento en tu vida donde comienzas a ver esos señalamientos de un lugar a otro. Los ministros siempre serán perseguidos de diferentes maneras y por diferentes razones. Por ejemplo, todos los ministros siempre vamos a ser señalados y perseguidos por los errores de otros. En otras palabras, los errores que han cometido otros en el pasado, sea por comisión o por omisión, siempre nos marcan. Comienzan a decir: este es igual que aquel que hizo tal cosa.  Siempre los nuevos líderes recibiremos la persecución por los errores de los demás y por aquellos que pasaron antes que nosotros. Pero seguimos a pesar de los errores de otros porque hemos aprendido a poner nuestra mirada no en el hombre, sino en el Dios Todopoderoso, y sabemos que Dios es capaz de usar cualquier instrumento frágil para hacer y cumplir su propósito y que la grandeza del poder de Dios es que se deposita en una vasija de barro, frágil, que en algún momento dado se puede romper, y ya hemos sobrepasado la humanidad de los demás para ver a Dios dentro de esa humanidad y lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas. Y aquellos que estuvieron delante de nosotros, pero nos llevaron al conocimiento de la verdad, por un camino de bendición, a pesar de sus errores, nosotros damos gracias a Dios porque llegaron a nuestra vida en momento preciso, en el momento importante, y nos ayudaron a ver la vida de una manera diferente, y a conocer a Dios de una forma que, de otra manera, no lo conoceríamos. Los demás no tienen esa experiencia, por lo tanto, nos van a señalar. Y nosotros tenemos que aceptar ese señalamiento porque nosotros somos un estándar más alto que ellos, y por lo tanto, van a aprovechar cada caída de ese estándar para simplemente minimizarnos.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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