Afirmamos que Dios nos llama a ocupaciones distintas; que difieren en capacidades y aptitudes productivas; que todos los que son capaces tienen la obligación de trabajar

(EL TRABAJO).-
15. Afirmamos que el trabajo verdadero es el gasto productivo de energía –mental o físico– diseñado para producir resultados beneficiosos; que debido a que Dios es un Trabajador y que el hombre es creado a Su imagen, el hombre es un trabajador por naturaleza, llamado y mandamiento; que el trabajo expresa la imagen de Dios en el hombre; que los efectos de la Caída a menudo frustran las intenciones del hombre en el trabajo; y que el verdadero trabajo es dignificado a causa del ejemplo de Dios (Génesis 1–3; Éxodo 20:9; Proverbios 31).
Negamos que el verdadero trabajo sea el mero gasto de energía sin la intención de producir resultados beneficiosos; que cualquier trabajo honesto sea indigno (Proverbios 14:23; Salmo 62:12); que el trabajo sea una maldición; que el trabajo hecho sin ganas honre a Dios (Efesios 6:5,6; Colosenses 3:23); y que los hombres o los gobiernos deban dificultar las oportunidades para que los hombres trabajen para mantenerse a sí mismos y a sus familias.
16. Afirmamos que las diferencias inherentes en los seres humanos resultan en diferencias en pensamiento y conducta; que Dios los llama a ocupaciones distintas; que difieren en capacidades y aptitudes productivas; que todos los que son capaces tienen la obligación de trabajar (Éxodo 20:9; 2ª Tesalonicenses 3:10); que el dar caritativo es una forma de trabajo; que son justas las diferentes condiciones económicas que resultan de caracteres únicos, de pensamientos y conducta también únicos; y que las naciones y ciudades poseen capacidades y ventajas únicas así como el individuo (Gálatas 1:10; Proverbios, passim; 1ª Timoteo 6:5-10; Tito 3:1).
Negamos que sean injustas las diferentes recompensas por llamados diferentes; que las recompensas económicas menores por cualquier llamado impliquen una menor dignidad y valor del individuo delante de Dios; que cualquiera tenga derecho a algún empleo particular a menos que él y el empleador hayan hecho un libre acuerdo con respecto a ese empleo; y que sea justa la nivelación por coacción de la condición económica de la sociedad, la cual resulta de las particularidades de los hombres.
Vladimir Martínez
Pastor, ingeniero estructural y politólogo




