Temer a Dios es respetarlo y tenerlo como nuestra primera audiencia; es el camino para ser sabio y lo que debe darle sentido a toda regla, y fija el curso de toda conducta en la vida
“El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco” (Proverbios 8:13).
Todo aquel que tiene algún tiempo en el Señor tiene que haber escuchado que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. Es el punto vital que determina nuestro respeto a Dios y la base de toda saludable postura que asumamos como creyentes. Temer a Dios es respetarlo y tenerlo como nuestra primera audiencia; es el camino para ser sabio y lo que debe darle sentido a toda regla, y fija el curso de toda conducta en la vida.
Pero nuestro proverbio tiene la virtud de darle un giro práctico al temor de Dios al señalar que “el temor de Dios es aborrecer el mal”. ¿A qué se refiere el autor? Se refiere a cuatro actitudes realmente abominables: “la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa”. Es interesante como la TLA traduce este proverbio: “Los que obedecen a Dios aborrecen la maldad. Yo aborrezco a la gente que es orgullosa y presumida, que nunca dice la verdad ni vive como es debido”. Y la NTV le da un sentido de causa y efecto: “Todos los que temen al Señor odiarán la maldad. Por eso odio el orgullo y la arrogancia, la corrupción y el lenguaje perverso”.
Tal vez usted ubique estas malas actitudes inmediatamente en el mundo. Pero, ¿no será más honesto que primero las busquemos en nosotros? Si somos sabios “aprenderemos a odiar aquellas cosas que ponen distancia entre el Señor y nosotros” (Hernández). Y esto es posible cuando amamos a Dios. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Esta es la clave para aborrecer lo que Dios aborrece.




